30 mil pies arriba de la muerte

Esta es la vida de una joven “Crossfitera” que, con tan solo 16 años, dio un giro inesperado a partir de septiembre del año pasado, luego de que su hígado fallara y dejara de funcionar.

 

Camila Granizo Aguirre nació el 25 de septiembre del 2002. Cada mañana despierta a las 6:00 a.m., cursa cuarto bachillerato, vive con su mamá y sus dos hermanas. Es una joven apasionada del Crossfit, un deporte que ha sido testigo de sus caídas más profundas y sus logros más admirables.

 

Su rutina no siempre se resumió así. Hace un año, se encontraba en una sala de operaciones a punto de someterse a un trasplante de hígado que le trajo una segunda oportunidad de vida. Desde entonces no ha dejado de luchar.

 

 

 

Giro 180°

 

En septiembre del 2018, la joven de 1.70 metros, tez blanca y cabello castaño claro comenzó a notar cambios en su cuerpo. Hoy, su constitución es la de una persona delgada, pero en aquel entonces era extrema: casi no tenía grasa corporal. Los médicos creían que se debía al exceso de ejercicio y posible mala alimentación. Conforme fueron avanzando los días, cerca del 25 de septiembre (su cumpleaños), se enfermó de una gripe con fiebre. “Desde ese momento, ya nunca se me curó, comencé a pasar días en los me sentía muy cansada, los ojos se me comenzaron a poner amarillos, y ahí me di cuenta de que algo no estaba bien”, cuenta.

 

Recuerda que el 9 de octubre todavía realizó sus exámenes finales de matemática e inglés, pero se sentía muy cansada. Al regresar a su casa le comentó a su mamá que sentía un cansancio extremo. La llevaron a realizarle exámenes y, al día siguiente, los resultados eran preocupante: sus enzimas estaban muy elevadas y sus tiempos de coagulación estaban atrasados. Como consecuencia, la ingresaron de inmediato al Hospital Herrera Llerandi, en el que pasaría tres días. Los médicos hablaban de diagnósticos diferentes y ninguno era concluyente. Camila sabía que algo no estaba bien.

 

La alumna se sentía frustrada, no comprendía cómo en un abrir y cerrar de ojos su vida había tenido un giro inesperado. Los médicos diagnosticaron un problema en el hígado. Al comienzo, creían que se trataba de una hepatitis autoinmune, luego hígado graso, pero en realidad nunca acertaron. La familia tenía que actuar rápido. Al cuarto día de estar internada, el médico le dijo a su mamá que había que tomar una decisión. La vida de Camila estaba en peligro.

 

El tratamiento que los médicos afirmaban que Camila necesitaría no está disponible en Guatemala. Se trataba de una medida que jamás imaginaron: un trasplante de hígado.

 

 

Estados Unidos

 

En la sociedad guatemalteca, se puede considerar que la familia de Camila tiene altos recursos económicos y con posibilidades para viajar a otro país, buscar opiniones médicas e investigar avances médicos. El 13 de octubre, su mamá tomó la decisión “por paz mental” de viajar a Estados Unidos e internarla en el Hospital de Niños en Houston, Texas.

 

Los seres queridos de Camila esperaban que la situación mejorara, pero el estado de la joven estudiante se deterioraba cada día. Su rostro era cada vez más amarillo. A los pocos días, sin saber aún un diagnóstico, los médicos aseguraron que debían buscar un donador de hígado urgente. Mientras encontraban un donante, Camila recibió un tratamiento de diálisis en el hígado y el riñón, porque su cuerpo estaba acumulando cobre en una cantidad que podía afectar incluso sus riñones. Fue la primera persona en el hospital que se sometió a ese procedimiento.

 

El 22 de octubre del 2018, la familia recibió la noticia de un donante. Camila estaba en la lista A1, de alta prioridad o de personas que no van a pasar más de dos días vivas. Cualquier órgano disponible iba a ser para ella.

 

Ingresó en la lista de pacientes con categoría A1. Pero no todo el panorama era sombrío: los doctores veían que iba a tener una recuperación rápida por su estilo de vida sano. Sus expectativas eran altas. Las listas de pacientes con necesidades de órganos son muy grandes y se clasifican según necesidad. Según el Centro Médico de la Universidad de California a nivel nacional, existen aproximadamente 18,000 personas que esperan un trasplante de hígado, una paciencia que puede acabar en una respuesta esperanzadora o una muerte desgarradora.

 

Luego de que el hospital recibiera la llamada de un posible donante, los médicos a cargo del caso volaron hacia el hospital donde estaba el hígado e informaron a la familia que era compatible. Su mamá autorizó el procedimiento. Antes de la operación, los médicos informaron de los riesgos. “Nos dijeron que si durante la operación mis padres recibían una llamada era porque algo estaba mal, si no la recibían significaba que el procedimiento se realizaba con éxito”, dijo Camila.

 

 

 

El trasplante

 

El 23 de octubre, a las cuatro de la mañana, desconectaron a Camila de la máquina de diálisis. La joven ingresó a sala de operaciones a una cirugía que tuvo una duración de aproximadamente diez horas. El trasplante que tuvo un valor aproximado de 750 mil dólares, equivalentes a 5 millones 850 mil quetzales.

 

La familia de Camila tenía un seguro médico en Guatemala, sin embargo, este rechazó el reclamo por la falta de un diagnóstico definitivo.  Sus padres conocían la enfermedad porque la padecen a un menor grado, pero nunca la reportaron al seguro.

Para cubrir los gastos, organizaron alrededor de siete colectas. En un principio, empezó a recaudar fondos por medio de la plataforma “GoFundMe”, en la que cualquier persona voluntariamente puede depositar cualquier monto. Lograron recolectar 106 mil 102 dólares, equivalentes a 827 mil 596 quetzales. De igual manera, el gimnasio en el que Camila practicaba Crossfit (Crossfit 502) organizó una competencia. Cada participante pagó 80 quetzales por su inscripción. La competencia “The Greatness Fit Fest” aportó un dólar por cada asistente que llegó al evento.

 

Además, su familia realizó una venta de brownies en distintos eventos y vendieron camisas con la etiqueta “Strong As Cami”. Cada una costó 125 quetzales. Una empresa fabricadora de platos de peltre, realizó una venta de seis platos a un valor de 750 quetzales. Finalmente, hubo un conversatorio con el exfutbolista de origen búlgaro Hristo Stoichov, en la que los fondos fueron destinados a Camila.

 

La familia de Camila continúa pagando la cirugía porque el hospital en Houston permite planes de pago.

 

Tras realizarse el trasplante en el Hospital de Niños de Texas, en Estados Unidos, Camila fue diagnosticada con la enfermedad de Wilson, que inhibe que el hígado procese el cobre y provoca problemas de coagulación, tonos amarillos en la piel y ojos. Según la asociación enfermedaddewilson.org, una de cada 40,000 personas en el mundo padece esta condición.

 

 

Diez días después de la cirugía, el 2 de noviembre, Camila salió del hospital y dos semanas después comenzó a hacer ejercicio, caminar, montar un poco de bicicleta y cargar objetos de menos de cinco libras.  A los tres meses de la operación, pudo ejercitarse libremente, pero debía evitar levantar pesos altos.

 

Aunque la recuperación entre los pacientes con trasplantes suele durar un año, Camila no sufrió un camino tan intenso gracias al Crossfit, y su “comunidad de atletas”. Debido a esa trayectoria de ejercicio, ella era la única persona en el hospital que se podía bañar, caminar con sus familiares, etc.

 

Tras 365 días

 

El 23 de octubre de 2019 se cumple un año de la operación. La familia de Camila enviará una carta a la familia del donante, a quienes, por norma del hospital de Houston, no se les puede hablar durante un año. “En ellos está aceptar o no tener comunicación con nosotros, debemos respetar que perdieron un ser querido”, dice Camila. Por el momento, el donador permanece en el anonimato.

 

Durante este año han pasado distintos miedos por su cabeza. El primero es la ansiedad de volver a padecer una enfermedad tan severa. Si alguien a su alrededor toce, Camila se tapa la cara. Cuando acude a citas médicas (cada tres meses en Guatemala y una vez al año en los Estados Unidos) siempre se pone ansiosa. Existen riesgos de infecciones: si contrae una, debe correr al médico para que no se convierta en una complicación. Usar antibióticos es difícil, porque pueden interferir con los efectos de otras medicinas que toma.

 

A la fecha, Camila aún corre riesgo de rechazar el hígado. Existen dos tipos de rechazo: el agudo y el grave. El primero es prolongado (poco a poco empeora) y la grave falla de entrada. El agudo puede ser tratado en el hospital, pero el grave requiere de otro trasplante.

 

Su nueva vida

 

Con los ojos llorosos, Camila describe que este proceso ha dejado varias lecciones en su vida. La primera que salta en su mente es que el mañana es incierto. Según sus palabras, “hay que hacer lo mejor que podás hoy”. La segunda es que nunca es bueno juzgar a las personas, porque “nunca sabés que están viviendo”. La tercera es la importancia de la unión familiar, una experiencia que vivió con el apoyo de sus seres queridos. Por último y quizás el aprendizaje más importante, es que hay que valorar la salud frente a cualquier cantidad de dinero o bienes materiales.

 

 

El pasado 11 de octubre, Camila inició a competir en el “Open de Crossfit”, una competencia mundial que se realiza una vez al año, y en la que a principios del año pasado logró clasificar en el puesto 40 para el “Online Qualifier”, donde solo quedan los primeros 200 mejores del mundo. Los próximos 23 y 24 de noviembre regresará a “Unleash Your Fitness”, que se realiza anualmente en Guatemala. Para ella, este evento representa un reto personal, ya que la categoría en la cual obtuvo el primer lugar en 2017 ya no existe. En su lugar, competirá en una categoría mayor llamada “RX”, que tiene la mayor dificultad y en la que quiere probar lo que es capaz de hacer y, sobre todo, demostrarse a ella misma que no tiene límites. El objetivo es comprender que, si quiere, puede.

 

En su vida personal, Camila busca continuar sana como en este año, disfrutar con toda su familia, continuar sus estudios y viajar si es posible. Si consigue la oportunidad, desea aconsejar, desde su experiencia, a pacientes y familias acerca de la enfermedad y concientizar sobre la importancia de la donación de órganos.

 

“En un avión para llegar a los 30,000 pies de altura se pasan por muchas turbulencias. Únicamente no hay que dejar de subir y hacerlo poco a poco, en el camino puede que haya altos y bajos”. Esas fueron las palabras que Camila escuchó de su doctor un día en el que el trasplante no la hacía sentir mejor.

 

Camila Granizo, hoy a sus 17 años, está 30,000 pies arriba de una vivencia que la colocó cerca de la muerte. Para ella, la vida cambia de un momento a otro y cuando menos se espera. Su vida ha cambiado, pero en su mirada se ve la determinación por salir adelante. Ella continúa siendo una apasionada por el Crossfit, deporte que ha sido esencial para la recuperación de la cirugía que transformó su vida.

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