Unas palabras para San José María

 

Que en el estirpe de las penurias y el martirologio de las pesadumbres ante el

reproche del dolor y la agonía de un empobrecido psique, cuyo cuerpo se han

formado riberas en la yagas, estas tuertas por la blanquizca de una cruda nieve

sin cesar, cuales peldaños en una rutina sin estupor buscan en los peñones al

templo convento de una Europa embellecida por el arte mas no por las armas y los

flagelos de cuestiones políticas, es todo ello partícipe de la hambruna, de la

pobreza y la del desconsuelo de mejillas lagrimosas por la duda, así pues un

hombre de ternura apacible no le fue impedimento todo aquello que hubiere de

sufrir, con tal de servir su labor y su esfuerzo al regazo de Dios, con tal de dedicar

cada proyecto a la voluntad de Dios reverberando su amor a través de la

búsqueda de la santidad, con herramientas del trabajo y de la gestión educativa,

que no hubiere palabras para describirle, mas no fue en aquel hombre sólo

acciones para los recuerdos, sino que hubo en sus labios palabras procedentes

del corazón, la enseñanza y la difusión del esclarecimiento para poder amar a

Dios y al mundo forjado, con homilías y aquella que fue célebre se ha de tatuar

con el emblema de amar al mundo apasionadamente, aquel hombrecillo ibérico,

su nombre fue José María Escrivá, aquel hombre cuya perseverancia le llevó a la

creación del Opus Dei. Con lo ya mencionado el objeto del siguiente ensayo, es

aquel de coadyuvar a la explicación de cómo la homilía y sus perspicacias en el

aprendizaje, profundizan a la aplicación en tres ámbitos, los cuales son beneficio

personal, de la familia y de la sociedad.

 

Como primer punto, el hombre partícipe de la unidad del ser, fruto de amor y gozo

de Dios, ser racional, imagen de la clemencia de Dios, hijo de un todo poderoso,

como las palabras de la homilía cuyo impartir recae de los labios de San José

María, cómo estas conjunciones reditúan en el saber del hombre y en la búsqueda

del beneficio, esta incógnita resulta fútil, si las palabras no se les trata cual si

fueran superfluo, el hombre, el yo íntegro del ser es capaz de tomar gozo de

aquello, si este entiende que la búsqueda de la felicidad está en versos de Dios, y

no en el materialismo, que El Ser creador de todo lo visible y no visible, busca en

el hombre su felicidad e invita a amarle para poder palparle, es aquella homilía

medio de entendimiento para la cercanía de Dios, que éste no ha de querer el

flagelo de la fatiga y ojos sollozos, es así que la felicidad no está en la materia de

un concepto, e invita a luchar juntos, que la integridad de la realización son frutos

desde el individuo, que a través de la unión en colaboración son capaces para

lograr metas, las problemáticas no se convierten en frustración, el hombre debe

partir de aquel poemario cuya homilía, y comprender que no está sólo y reverberar

en éste su humildad, partir que solo, su felicidad no fecunda, que no procede de la

espontaneidad de un crispar, la homilía acoge a que el hombre goce de su ser,

pero que busque a Dios, para lidiar sus inquietudes lóbregas, que recurra a los

ornamentos a la sabiduría, que sus penas sean escuchadas, para poder

consolarle, es así pues que el beneficio del individuo es obtenido porque la

homilía, le desvela aquellos actos que hacen en el hombre que se involucre con su

entorno, que se aproxime y vaya más allá sabiendo que la felicidad sempiterna

está en el reino de los cielos y no en un ser egoísta.

 

Aquel segundo estamento, es cómo la familia escruta los beneficios de la homilía

en cánticos corales, la familia es símbolo de la sociedad y es correspondiente a

las palabras clave de dicha homilía, cual la integridad como un grupo colaborarán

para trabajar mejor, cuyo ser desde lo más efímero debe hacerlo con amor, que no

sean las críticas principal portavoz de los labios, hacia con el hermano o un

miembro de la familia por sus acciones, que valoren los logros y que comprendan

los errores cuyo fruto no hubiere de fecundar, si aquellos erros no enmiendan por

los temores a intentarlo o hacerlo nuevamente, es ahí donde ha de surgir la

frustración y la mediocridad, que todo aquello que haga un individuo de la familia

en caso tristísimo saliere mal, pero este lo hace con todos sus alientos y sus

cualidades, sea valorado con fulgor y se trate de ayudarle, porque vale más

aquello entristecido por el error, pero hecho con pasión de la labor que algo

excelentísimo fruto de la avaricia o del odio, que sepan aquello con claridad, la

familia es un modelo, y no debe surgir de éste los maltrechos y mundanidades,

que ante las tentaciones se abogue por el bienestar del otro y no de la miseria

ajena.

 

Cual si fuere palabras de un testamento, como tercer punto de abogacía es la

sociedad, que ésta sea íntegra, y no surjan de ésta líderes que han de llamar al

odio y la búsqueda de la desgracia ajena, que sea la sociedad modelo de trabajo y

esfuerzo, pero que se abogue a cabalidad por el bienestar individual con las

condiciones laborales salubres y aptas, que los representantes de un modelo

gubernamental prioricen por la búsqueda de la integración y de un entorno para la

felicidad humana, es así que la comprensión desde el individuo y de la comunidad,

a pesar de no oscilar en las mismas creencias, la homilía ha de fecundar en e

cada uno de los corazones lábiles, entiéndase, anteponer la educación y el

esmero por el respeto sin condición, antes que el adoctrinamiento y la amenaza

concurrida por el fervor de los cañones desalmados .

 

En conclusión, la homilía de Escrivá es reflejo de la búsqueda la felicidad y la

trascendencia del hombre en todos los rasgos, no busca dar a entender que la

santidad es un privilegio de hombres exclusivos cual si fueren una oligarquía, la

santidad a pesar del dolor, el hombre de la cotidianidad es capaz de palparle sus

mejillas y enjugar sus ojos, y aquello para alcanzarlo es tan diverso pero con una

constante, y es el amor al trabajo anteponiendo el golpear el pecho hueco y sin

fundamento a la creencia, entiéndase, más vale las acciones, que palabrerías

farsas sin sentidos de amor, con el trabajo y apoyo al ser prójimo la santidad se

transfigura en una realidad sin dolor, ni agonía.

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