El día que se encontraron, sin saberlo.

 

 

Isabella

 

El reloj marcaba las 10:00 a. m. cuando me puse frente al espejo para arreglar unas cuántas arrugas de mi vestido, ajusté mi sostén aunque no hubiera mucho que sujetar, pero tampoco me sentía cómoda andando por la vida así de libre. Recibí una notificación de su mensaje, ya estaba en camino y yo estaba nerviosa porque era la primera vez que salíamos con sus padres a comer. 

 

Me propuse actuar cómo soy, de todos modos si alguien te quiere lo va a hacer sin obligarte a cambiar o fingir algo que no eres frente a la personas que amas. Por un momento dudé si era la chica indicada para que Martín presentara a sus padres, pero me di cuenta que no tenía que subestimarme, yo era y me sentía suficiente, y si no era suficiente para él o para ellos no era problema mío. Tomé las llaves del carro y salí a mi encuentro, con quien en ese momento pensaba que era el amor de mi vida. 

 

Debo aceptar que iba manejando un poco distraída, no todos los días conoces a los padres de tu novio. Traté de mantener la calma, pero me fue imposible, no me di cuenta que el semáforo todavía seguía en rojo, por suerte la velocidad no era tan alta como no frenar a tiempo. Y lo vi... casi cuando iba a atropellarlo.

 

Daniel

 

Por alguna razón el catedrático decidió cancelar la clase de las 10:00 a. m. y a mí no me afectaba, creo que era la noticia que esperaba días atrás para poder tomar en serio el entreno para el triatlón de la Facultad. No soy de esas personas que se empeñan en estudiar 22 horas al día, pienso que en 2 horas estudiando a conciencia se sale y se sobrevive, pero a mis papás tampoco les parece ese pensamiento, sin embargo, nunca he perdido una clase y mi promedio es alto. 

 

Después de hacer 1 hora de bicicleta al aire libre quedé en juntarme con Paulina a desayunar, aunque parece más almuerzo que desayuno. Paulina es una de mis mejores amigas, crecimos juntos, nos conocemos a la perfección, tanto que no me casaría con ella por ningún motivo, porque cuando conoces a alguien de verdad ya la piensas dos veces, con ella yo lo pienso mil veces más. 

 

No quise cambiarme de ropa, llegué al apartamento por gusto, solo revisé unas cuántas postales que mi madre había enviado de su viaje a Francia. Salí corriendo porque ya iba retrasado, la ventaja era que iba a llegar en bicicleta, la desventaja era que Paulina era de esas chicas que ama reclamar hasta el por qué una abeja pica y no muerde. 

 

Ya iba a mitad del camino, el semáforo marcaba rojo para los carros, y verde para el peatón, así que seguí mi camino. Pero la gente imprudente no dejará de existir, jamás. Y aunque casi muero atropellado, sentí que un ángel me salvó, la vi...

 

Isabella

 

Estaba asustado, paró de repente y se quedó inmóvil, yo me asusté también, me sentí estúpida por haber puesto más atención al celular que al camino. Pero algo raro estaba pasando, vi sus ojos y sentí una conexión. 

 

Daniel 

 

Tenía su celular en la mano, pero lucía asustada, no sé si sentí que estábamos conectado por el susto, o conectados por algo más, solo sé que sentí algo que nunca había experimentado. No podía seguir inmóvil, así que iba a reaccionar, pero ella lo hizo antes... 

 

Isabella

 

-¿Estás bien? Lo... lo siento mucho. - No podía dejar de tartamudear, me puse nerviosa. 

 

Daniel

 

-No te preocupes, estoy bien, creo-. Reí, con esa risa estúpida que no me gustaba que los demás escucharan. 

 

Isabella

 

-Me da gusto, gracias, voy a tener más cuidado. 

 

Daniel 

 

-¿Cómo te llamas? 

 

Isabella 

 

Quise decirle mi nombre, darle mi número de teléfono, quise tirarme a sus brazos, no sabía por qué, si tenía a Martín esperando por mí, y a diez carros bocinando para que avanzara y dejara de crear una historia en mi mente. Así que dije la estupidez más grande de mi vida. 

 

-Ya tengo que irme... te veo en la próxima coincidencia. 

 

Me subí al carro sin darle la oportunidad de decir una palabra, por dentro me estaba dando bofetadas a mí misma, él se corrió a un lado y me fui. 

 

Daniel 

 

Se subió al carro, no me dijo su nombre, y solo pude correrme a un lado para que no me atropellara de verdad. ¿Tan feo soy? Nunca me había pasado esto, por lo general siempre me corresponden... 

 

Isabella

 

En el retrovisor podía ver cómo él se hacía pequeño cada vez más, seguía parado observando cómo me alejaba. Nunca sabré su nombre... 

 

Daniel

 

La vi alejándose poco a poco, tengo que volver a verla, un día de estos. 

 

-------------------------

 

Los que Daniel no sabía era que Isabella vivía al otro lado de la ciudad, y nunca se transportaba por esos rumbos, y lo que Isabella no sabía era que Daniel, desde ese momento, pasaba en el mismo lugar, en diferente horario, con la esperanza de topársela una vez más. 

 

 

 

 

 

 

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