Si de verdad me amas

 

 

“Si de verdad me amas, harás esto por mí”.

 

Y eso era exactamente lo que hacía. Intentaba demostrarle que mi amor por él no eran sólo palabras lindas, y para eso necesitaba convencerlo, sin importar las consecuencias de mis acciones.

 

Empezó con pasarle mis notas de clase para que estudiara, si lo amaba no podía dejarlo perder el examen. Continuó con pasarle mis tareas para que él pudiera hacerle una copia, porque a veces no le daba tiempo, otras veces no entendía las instrucciones, hasta llegar al punto en que ya no quería hacer las tareas. Si lo amaba lo tenía que ayudar con todo eso, si no, se atrasaría o tendría que salirse de la universidad por mi culpa.

 

Yo era quien lo mantenía al día, le evitaba problemas con los profesores y su mamá, e incluso lo ayudaba a subir su promedio. La única vez que recuerdo haberme negado a ayudarlo perdió un examen final.

 

—¡Todo fue tu culpa, Cassandra! —Me gritaba por el teléfono. Estaba tan enojado que no podía esperar al día siguiente para reclamarme cuando nos viéramos en la universidad, y llamarme fue la solución que encontró ante la distancia entre nosotros.

 

—¿Cómo que mi culpa, Diego? —Respondía desesperada—. ¡Mis notas no te pueden ayudar en nada si nunca entraste a clases!

 

—No son sólo tus notas, Cassandra. Era que me las pasaras para yo estudiar en mi casa, pero también quería que me explicaras y me ayudaras a estudiar. Eres de las mejores en la clase…

 

—No lo soy, e incluso si lo fuera, no soy la única persona a la que le puedes pedir sus notas. Hay treinta personas más en la clase, ¿sabías?

 

—Pero tú eres mi única amiga de la clase…

 

Recuerdo quedarme callada porque era cierto.

 

—Es que… mis notas no están bien. Le pedí a Rafael que me pasara las suyas porque me faltaban muchas cosas, ¡se las pasó a la mayoría de la clase!

 

—¡¿Y cómo querías que supiera si nadie lo puso en el grupo?! —Respondió con malicia y enojo.

 

—¿Pre… preguntando? —En ese momento comencé a sentirme culpable. Yo sabía que él nunca entraba a clases ni tomaba notas, si las mías estaban incompletas no podía imaginarme cómo estarían las suyas. Quizás, en lugar de sólo decirle “no”, debí decirle que mis notas no estaban bien y que le preguntara a alguien más, ayudarlo a pasar sus clases y hacer amigos.

 

—Por favor… Ya me fallaste con el examen final, ayúdame con la recuperación —me rogaba por llamada.

 

—Está bien, haré lo que pueda.

 

Lo ayudé de todas las maneras posibles para que pudiera pasar el examen. Estudiamos juntos, en cafeterías, la biblioteca de la universidad e incluso videollamadas. Le pasé mis notas y de todos los que sacaron las notas más altas en el examen. Hice tarjetas con preguntas de exámenes anteriores y me inventé algunas nuevas, con tal de ayudarlo a estudiar. “Si de verdad me quieres, me ayudarás a pasar la clase”.

 

Ignoré invitaciones de mis amigos, me acostaba tarde, y me encerraba en mi habitación con tal de hacer todo lo posible para que él pasara esa estúpida clase. Desde esa vez me prometí que nunca más le negaría algo…

 

Supongo que en algún punto las cosas se salieron de control.

 

—Cassandra, hagámoslo —me rogaba esa tarde, aunque no era la primera vez que lo hacía. Ya teníamos tres meses de novios, aunque a veces él decía «en realidad tenemos como seis, porque desde que nos conocimos actuamos así». Cuando le recordaba todas las veces que él me había dicho prefería ser solo amigos, él lo ignoraba, incluso comencé a dudar si eso había pasado.

 

—No lo sé, Diego. Sabes que me da muchísimo miedo… —Él puso sus manos en mis brazos antes de contestarme.

 

—Todo estará bien, Cassandra, te lo prometo —me pedía con insistencia y con la mirada fija. Sus ojos me mostraban cuánto lo quería, cuánto lo necesitaba—. Siempre decías que lo harías cuando supieras que te amo de verdad —yo asentí—, y creo que te lo demostré al perdonarte después de que me engañaras.

 

Hubo un momento de silencio. Había olvidado que lo había hecho, ¿eso siquiera contaba como serle infiel? Yo creía que no, pero era obvio toda esa situación fue mucho más grave para él de lo que yo me sentía cómoda admitiendo. Con un hilo de voz le respondí:

 

—Sí… sí… —Aunque desde que mencionó mi infidelidad no podía verlo a los ojos. También estaba entrando en pánico. Habíamos actuado como que no fue la gran cosa, en ese momento no éramos nada, ni siquiera amigos, ¿ahora dice que fui infiel?

 

—Por eso, Cassandra, hagámoslo. Soy capaz de perdonarte cualquier cosa, y si las cosas salen mal sabes que estaré ahí… No te abandonaré.

 

El silencio volvió a formar parte de nuestra conversación. Mientras él de verdad quería hacerlo, yo seguía aterrada, incluso tenía mucho más miedo a negarme. No sabía qué decir ni pensar. Explicarle mi miedo ya no era suficiente.

 

—Si de verdad de amas, harás esto por mí, Cassandra. Si no, creeré que eres capaz de volverme a engañar, de cambiarme por otro apenas tengas la oportunidad —lo dijo como un ultimátum. Yo le respondí alertada.

 

—¡No! O sea, no. No haré eso, no te cambiaré por alguien más… Sabes que te amo… Es solo que todo esto me da miedo —con cada palabra empezaba a sonar como una niña pequeña siendo regañada por sus padres—. Sabes que para mí las consecuencias serán mucho más graves…

 

—Si me amas, si en serio me amas, lo haremos.

 

—Podrían echarme de la casa, ¿qué haría entonces?

 

—Vivir conmigo. Yo te protegeré, Cassandra. Yo te amo, por eso quiero hacer esto contigo.

 

Prométeme que no me abandonarás si la cagamos.

 

¿Acaso no me amas? ¿Por eso dudas de mí? —Sus palabras cayeron sobre mí como si toda nuestra relación dependiera de mi decisión, no había llorado y luchado tanto como para perderlo ahora.

 

Sí te amo… sabes que te amo —le dije con la poca voz que podía encontrar. No lo podía perder, no ahora.

 

Demuéstramelo, Cassandra.

 

—Está bien… hagámoslo —le dije, porque me prometí a mí misma que no le volvería a negar algo ni lo lastimaría. Tampoco lo quería perder. Además, si no lo hacía, él iba a pensar que no lo amaba de verdad…

 

Y así fue como finalmente accedí a tener sexo con él.

 

 

 

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