Feministas: ¿qué estaban pensando?

12/09/2019

 

 

Según Aristóteles, el ser humano es un animal social por naturaleza; es decir, el hombre no puede sobrevivir por sí solo, necesita de otros organismos de su misma especie para poder subsistir en su propio ambiente. Su antecesor y maestro de su mentor, Sócrates, explicó que por esta razón se creaba una sociedad. Cada uno de los integrantes de esta sociedad desempeñaba un trabajo en particular que ayudaba a fortalecer al pueblo y a su desarrollo. Así, unos se enfocan en el campo de la agricultura, otros en la política y otros en el ejército.

 

Gracias a historiadores sabemos con exactitud que las únicas personas que podían ocupar estas profesiones eran hombres. Las mujeres no tenían otra opción más que desempeñar el rol de ama de casa y madre. Es comprensible que en el principio de los tiempos el sexo masculino se dedicara a los trabajos fuera del hogar, ya que la mayoría requerían la fuerza bruta, la cual es una cualidad más presente en la anatomía de los hombres.

 

No obstante, la raza humano se desarrolló con el pasar de las décadas y nuevas profesiones surgieron, en las que no se necesitaba una gran resistencia de los músculos en brazos y piernas. Solo se requería de capacidad intelectual, cualidad que todos los seres humanos poseemos. El papel de la mujer estaba tan arraigado en el concepto de sociedad en los humanos que no pensaron en que este se podía cambiar y darle nuevas tareas que no estuvieran involucradas en el matrimonio.

 

Por muchos siglos, la función de la mujer fue la misma y muchas oportunidades para que ella se desarrollara, al igual que el hombre, no se le dieron. En realidad, ni siquiera se le tomó en cuenta ya que se creía que no tenía las mismas capacidades.  Cuando en verdad no se había dado la ocasión para que ella demostrara que tenía las mismas habilidades. Cada vez que ella hacía algo increíble se pensaba que era única en su especie y que era una caso de uno en un millón. Si no, observemos el caso de Mary Shelley, la autora de la famosa novela Frankenstein. La primera vez que ella le enseñó el borrador a su editor él pensó que era una obra de su esposo que ella había robado.

 

Aceptar a mujeres dentro de la sociedad como alguien que no fuera una madre o esposa era romper con el status quo. Por mucho tiempo fue un mundo de hombres, donde ellos tomaban las decisiones, ellos controlaban lo que sucedía. Las mujeres solo eran las personas tras bambalinas. En el momento que una de ellas tomaba el papel protagónico, para asegurar la efectividad de la función que debía de emplear, se le asignaba un hombre que la vigilara. Cuántos hombres no motivaron a la reina Elizabeth I para que se casara con alguien.

 

La mujer es un ser humano, igual que un hombre. La única diferencia entres estos géneros es biológica y física; en lo que se refiere a sus habilidades intelectuales son exactamente las mismas, no hay ninguna diferencia: ambos son capaces de realizar las mismas tareas. Uno no es más que el otro. 

 

Dentro del pensamiento griego se define el valor del ser humano. Según Aristóteles, la dignidad humana es igual para todo los hombres y mujeres, dado por el simple hecho de ser un humano. En otras palabras, esta se define por la esencia del organismo que además le permite conectarse con su realidad más allá de lo sensible.

 

Este no depende del género del individuo. Y, aunque lo hayan resaltado grandes pensadores, no fue hasta en 1948, luego de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, cuando la ONU proclamó a todos los seres humano como libres e iguales en derechos y en dignidad en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Justo después que las mujeres demostraron lo que son capaces de hacer debido a que todos los hombres luchaban en las trincheras y la única opción que le quedaba a los grandes empresarios y políticos para mano de obra era este segmento de la población.

 

Se les dio una oportunidad abierta a las mujeres para demostrar sus habilidades, sin que nadie les dijera que estaban en lo incorrecto; es más, se les motivaba que formarán parte de la sección trabajadora de la sociedad. Pero en el momento que terminó la guerra se les arrebató su autonomía y se les obligó a que regresarán a las cocinas y con sus maridos. Luego de probar el delicioso sabor de la independencia no iban a dejar que nadie les prohibiera a tomar el control de sus vidas. 

 

No obstante, esta no fue la primera vez que las mujeres lucharon por lo que ellas merecían. En la década de los 20 en Inglaterra surge el movimiento de las sufragistas, quienes luchan por la igualdad política de los géneros. Esta no era de darle un trabajo a una mujer dentro del parlamento para que estableciera los intereses políticos de las mujeres.  Ellas fueron las que dieron sus vidas por un privilegio que hoy tomamos por sentado: el voto. Tomaron acciones por contrarrestar la oposición que no les permitía recibir una educación dentro de una universidad, no un instituto.

 

Poco a poco se dieron cuenta de que ellas también podían hacer lo mismo que hacían los hombres, existía otra realidad por la que ellas podían adoptar que no fuera ser madre y esposa.

 

Esta epifanía que tuvieron muchas mujeres es personificada por la película de Mike Newell La sonrisa de la Mona Lisa. Se desarrolla en 1953 en la que una maestra de Historia del Arte, Katherine Watson, incentiva a sus alumnas a reexaminar los papeles tradicionales que una mujer debe de desempeñar en ese momento. Aunque Watson rechaza profundamente el rol de ama de casa una de sus estudiantes, Joan Brandwyn, le demuestra que siempre va a ser una posibilidad para las mujeres, una que no se puede ignorar e infravalorar.

 

Crear una familia es algo hermoso y la base de la sociedad; no obstante, esta nunca es, ni tuvo que haber sido, una responsabilidad exclusiva de la mujer. También es el deber de un hombre cuidar del hogar y los hijos; hacerse cargo de tareas que no solo incluyan aportar dinero.

 

Paradigmas como este se fueron rompiendo por las feministas para asegurar un espacio digno dentro de la humanidad. Otro modelo social que las mujeres querían destruir en los 70s --la segunda ola del feminismo-- fue reclamar el cuerpo femenino como propio; apartando totalmente al hombre de cualquier decisión que se debía de tomar con respecto a él.

 

Es por esto mismo que Cynthia Macadams muestra desnudos en su libro Emergence, no solo fue por el arte. Antes el cuerpo de la mujer desnudo solo se había visto en las pinturas de las épocas pasadas y dentro de la pornografía. En ambos casos el ser físico de la mujer se había tomado como un objeto para deleitar a la humanidad.

 

Catherine Stimpson --autora y escolar feminista-- lo explica de la siguiente manera: “El cuerpo desnudo de la mujer ya no estaba reservado para la pornografía. Era una fuente de orgullo y salud. Era para celebrarlo y disfrutarlo”.  Fue en este período cuando los seres humanos femeninos decidieron experimentar su sexualidad libremente, ignorando los juicios de los hombres y tradicionalistas.

 

Es necesario mostrar el cuerpo desnudo de la mujer porque era una reafirmación que el cuerpo de una mujer solo le pertenecía a ella misma y a nadie más. Las personas pueden hablar sobre el y juzgarlo cuanto les plazca, pero nunca van a tener poder de él. Sin mencionar que es ese cuerpo el que nos hace nosotras, es la anatomía lo que nos diferencia de los hombres. Por consiguiente, hay que mostrarlo con orgullo y no esconderlo de los puritanos.

 

En el documental de Netflix Feministas: ¿qué estaban pensando? se muestran a unas de las activistas más importantes de este movimiento en los setentas. Todas hicieron cambios importantes y significativos para cambiar la sociedad y hacerlo un mejor lugar para las mujeres. A su manera cada una aporto un grano de arena que creó la tormenta en el desierto.

 

Es imposible escoger solo una de ellas que me haya inspirado porque el feminismo no es el resultado del trabajo de una sola mujer; es la lucha de muchísimas mujeres. Yo no admiro a todas las personas que fueron a las marchas; a todas las estudiantes de Judy Chicago que formaron parte de la Academia de Arte de Mujeres; yo respeto a todas las sufragistas de los años 20 que lucharon por el voto; yo honro el trabajo de todas las autoras y compositoras como Betty Friedan, Phyllis Chester y Anne Waldman que compartieron sus experiencias a través de la literatura y crearon material que expresaba las ideas del movimiento. 

 

El feminismo es un movimiento que necesitamos, es algo que debería de existir y todas las comunidades deberían de tener.  Aunque Kate Millet defina la misión de las feministas de la siguiente manera: “... lo que queremos es muy simple. Creemos en la igualdad de género en lo social, lo político y lo económico”. No solo velamos por los intereses de la mujeres, sino que también por los de los hombres. Deseamos que los privilegios que gozan las mujeres también los pueda disfrutar la población masculina, sin sufrir de los prejuicios de los demás (como mostrar sentimientos o seguir una carrera humanística). Según Meredith Monk una rebelión que trae beneficios a una mitad de la humanidad va a ser, por consiguiente, un bien para el resto de seres humanos.  

 

El feminismo no solo es para las mujeres, es para la humanidad. Es aquello que nos permitirá desarrollar nuestra sociedad e innovar. Hoy todavía no existe un sistema económico y laboral que permita que una mujer, o un hombre, sea capaz de tener un trabajo y una familia; sin tomar en cuenta las políticas de los países nórdicos en donde se les motiva a los jóvenes a quedarse los primeros meses con su hijo recién nacido.

 

Una feminista no es una tomboy, lesbiana que aborrece a los hombres y piensa que el género femenino está por encima del masculino. Una feminista es aquella que está dispuesta a cambiar el status quo de la realidad de los géneros, sin disminuir el valor del antiguo rol de la mujer en la sociedad. Hay que dejar de pensar que el feminismo es la nueva “f” word  porque este movimiento es el que puede hacer una diferencia positiva para el ser humano. Ser feminista no es malo: ser feminista es luchar por la equidad.  

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