#ReseñaTenet Estadios iraníes: la virtud contra la norma (Parte I)

La vida del ser humano está lejos de ser un camino sin orientaciones ni pautas de decisión. Como personas, nuestro principal anhelo es el bien para nosotros mismos y nuestros seres queridos. La gran mayoría de las acciones que realizamos está determinada por una brújula que nos impulsa a tomar el sendero en donde reposa ese bien. A esta herramienta se le denomina ética. Aunque no sea evidente para algunos, el hombre es una criatura que no se mueve si no es por la moral. Nuestras decisiones no se materializan al azar, sino por una guía del bien y el mal que asumimos naturalmente.

 

¿En qué consiste el bien que le roba largos suspiros a todas nuestras elecciones y actos? Esta interrogante requiere que se presenten dos alternativas de respuesta. Para cierto grupo de individuos, el bien al que debemos aspirar depende de las normas y las regulaciones que enmarquen la situación. Una acción será “buena” si así lo establece un código de conducta. Por ejemplo, en los países que está legalizada, la eutanasia es considerada por muchos ciudadanos como una práctica adecuada de los médicos. Por otro lado, hay quienes defienden que el bien se define dependiendo de su sintonía con las virtudes. Para los que resguardan esta concepción de la ética, la eutanasia nunca será moral, pues deliberadamente termina la vida de un ser humano. Bajo esta óptica, el bien siempre estará del lado de la justicia, la templanza o la honestidad, que son superiores a lo que cualquier regla pueda indicar.

 

Ante esta disyuntiva, surge la pregunta de cuál es la figura correcta de la ética. La respuesta es sencilla: la de las virtudes. Esta concepción es universal y estable, y motiva al ser humano a que, desde su interioridad, se perfeccione constantemente. La puntualidad, el respeto y la solidaridad nunca serán una razón para llevar a una persona a su condena, sino que la mejoran en su plenitud. Las normas, por el contrario, son muy frágiles para asegurar actuaciones éticas. A pesar de que a veces sirven de apoyo para identificar el bien, hay un alto riesgo de que sean trastocadas por el mal. No es extraño pensar en comunidades que se rigen por leyes injustas y deficientes que evidentemente no salen de fiesta con la moral. La norma como criterio ético es muy débil para garantizar el bien de la persona.

 

Debido a la complejidad de la especie humana, es frecuente encontrar sociedades fundamentadas en legislaciones y convenciones culturales que, si bien sirven de guía de acción para los ciudadanos, son antiéticas. ¿Cómo un individuo debe vivir en estas comunidades y no ser cómplice de normas opresoras? Hago una referencia a la ética de la virtud para contestar. En la medida de lo posible, es indispensable emprender acciones prudentes que, poco a poco, desafíen y eliminen a las normas injustas. El objetivo no es la mera rebeldía, sino sentar un precedente para que algún día las leyes sean virtuosas y verdaderamente dirijan a la persona al bien. La película “Fuera de juego” (2006), del iraní Jafar Panahi, refleja magistralmente la lucha persa por demoler una moral de preceptos vacíos e instaurar una ética llena de virtudes. Se trata de una pieza de ficción que relata lo que ocurría en la realidad del Irán hace una década.

 

Fotografía: IW Sports 

 

El largometraje de estilo casero se sitúa en la Teherán del 2005. Relata cómo un grupo de niñas iraníes se visten de hombres y se infiltran al estadio Azadi para disfrutar del partido que definiría si su selección clasificaría a la Copa Mundial de Fútbol de 2006. Para la cultura occidental, parece extraño que las niñas decidieran aparentar ser de su sexo opuesto para ir al juego. Pero, en la nación islámica, se trataba de una realidad a la que muchas mujeres debían enfrentarse cada vez que ocurría un evento futbolístico importante. En aquella época, la ley iraní prohibía que ingresaran a los estadios por el alto riesgo de violencia o abuso verbal que solían cometer los hombres.

 

Aunque el fundamento de esa norma era el “cuidado” de la mujer musulmana, movía a los iraníes al vicio y no a la virtud. Los personajes de la película mostraron una noción clara de las falencias de esta legislación. Como individuos que intentaban vivir la verdadera ética, hicieron pequeños gestos que los diferenciaron de la mayoría cómplice y que ejemplifican motores para cambiar virtuosamente la ley. Pero, ¿por qué la disposición legal está equivocada? ¿Acaso no lleva al bien de la cultura islámica? ¿Sirve desafiar a la estructura para generar transformaciones? Analicemos estas cuestiones a través de los dos grupos de personajes que tuvieron papeles trascendentes en la película.

 

Espera la segunda parte de esta #ReseñaTenet.

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