Ahora entiendo todo

13/06/2019

 

Algo se rompió dentro de mí al principio. No entendí el porqué.

 

Me dolía demasiado la herida, todavía vivía, pero aún no entendía qué pasaba conmigo. ¿Qué rayos sucede?

 

Pasaron los años y la herida seguía allí, la verdad es que nunca me di cuenta ya que la ”saciaba” con cosas que al final del día no me quitaban el dolor que habitaba en mí...

 

Aún recuerdo cada noche llorar por cómo me sentía. No entendía lo que pasaba en mí, solo era consciente de que un día iba a morir y nadie iba a saber cuál fue el motivo (¿?).

 

Intenté ser feliz con la presencia de un hombre y luego otro... Personas que al final terminaban abriendo más esa herida.

 

Quise ser amiga de todo el mundo, para probar si eso sanaría todo dentro de mí y, una vez más, volví a fallar... la herida seguía más viva.

 

Llegué al punto de dudar de mi sexualidad, tanto, que estaba tan segura de ser lesbiana. Intenté ser feliz en ese mundo y con alguien de mi mismo sexo... Lo sé, tan desgraciada fue esa herida que me llevó hasta ese punto de querer felicidad y paz.

 

No crean que fui de esas que ignoran a Dios en esa etapa. Claro que no sabía que Dios es amor y que Él da paz y gozo. Lastimosamente, la herida que llevaba era tan pesada que no me sentía capaz de hablar con Él... sentía que no lo merecía.

 

Con el pasar del tiempo, no sabía quién era y lo que en realidad quería. Perdí la dirección de mi vida.

 

Un día, desde Manassas, recibí un mensaje que llegó justo en el momento en que ya iba a rendirme, en el cual iba a decir "adiós, mundo".

 

Ese mensaje me cambió la vida, no crean que fue un mensaje de una ilusión o algo material, no.

 

Fue un mensaje que me hizo entender que aún tenía una oportunidad, que Dios realmente escucha esos corazones arrepentidos y fue en ese momento donde por fin le di un giro grande a mi vida. Después de vivir seis años con esa herida que no me dejaba dormir en paz, por fin supe lo que realmente es tener paz.

 

¡Solté todo lo que me ataba a lo contrario de ser feliz, lo solté todo!

 

Fue en ese momento donde entendí que para ser feliz no es necesario tener una relación con una persona o querer ser amigo de todo el mundo. Basta con tener a Dios en nuestra vida.

 

Ahora estoy aquí hablando a la vida de todos aquellos que creen que no pueden: les digo sí se puede en Cristo que nos fortalece.

 

Si yo, Astrid Castro, logré vencer, ¡estoy segura de que también ustedes pueden!

 

¡Todo es posible para el que cree!

 

Al final, ¡entendí que vine a este mundo con un propósito que cumplir!

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