#ReseñaTenet: La transfiguración del haiku

La poesía, más allá de una preciosa forma de hacer arte, me parece un esfuerzo intuitivo y profundo por tratar de comprender la realidad, desde sus destellos más bellos hasta sus agujeros más terribles y dolorosos. Pero, si hablamos de una confluencia entre filosofía, espiritualidad y poesía, es imperante mencionar los haikus: brevísimos poemas que contienen una carga reflexiva tan honda como el interminable pozo de nuestros deseos.

 

Cada haiku de la compilación Flores del Buda, del poeta y pintor japonés Yosa Buson, va acompañado de la traducción e interpretación hecha por Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala. Son 70 poemas que muestran imágenes hermosas, con un gran poder de síntesis y elocuencia a la vez. A lo largo del texto, que se queda cortísimo frente a lo que este poemario me evoca, trataré de hacer un recorrido por la historia del haiku, a la luz de la obra de Buson, con la tímida esperanza de contagiar a más de un lector con la belleza del haikai.

 

 

La hermosura traducida en un 5-7-5

 

El haiku (o haikai) es un poema corto conformado por tres versos en los que comprendan diecisiete sílabas en la forma 5-7-5, es decir, cinco sílabas en el primer verso, siete en el segundo y nuevamente cinco en el tercero. Esta técnica de versificación se caracteriza por su expresión sencilla y concisa, así como por la libertad que se tiene de prescindir de elementos como las mayúsculas, la puntuación y el título.

 

La temática de estos breves poemas suele ser la naturaleza, el momento presente que está siendo vivido por el poeta, la realidad entera pero expresada en versos sencillos. El haiku aprecia la cotidianidad, engrandece los instantes y los dota de espiritualidad, de trascendencia. En este tipo de poemas se suele incluir un elemento que identifica la estación del año en la que se encuentra y también referencias al clima.

 

Un ejemplo claro de la evocación de las estaciones se muestra en el haiku 57 de la compilación de Yosa Buson:

 

«Ni una hoja bulle,

e impone miedo el bosque

ahora en verano».

 

El nacimiento del haiku: una historia de independencia

 

En su forma y estructura, el haiku surge a partir de géneros poéticos japoneses más elaborados y extensos. El más antiguo que le da origen al haiku es el katauta, que era un poema o canción formado por dos estrofas, en donde la primera era de estructura silábica 5-7-7 y la segunda era 5-7-5 (como actualmente es el haikai). De esa estructura surge también el denominado mondô, que estaba formado por dos katauta en forma de pregunta y respuesta. Los mondô eran considerados un género poético superior.

 

Para contar la creación del haiku es fundamental hablar de las formas evolucionadas del katauta, especialmente de la tanka (canción corta). Las tankas consisten en dos estrofas, la primera conformada por tres versos en forma 5-7-5 y la segunda por dos versos de siete sílabas cada uno. El surgimiento del haiku se debió entonces a la separación (por preferencia de los poetas japoneses) que poco a poco se hizo de la primera estrofa de la tanka, a la que solía llamársele hokku, de pauta 5-7-5.

 

Sin embargo, además de la separación e independización del haikai de la estructura de la tanka, hubo otro motivo importante para la creación del hakú como género poético autónomo. La renga es una cadena de varias tankas unidas entre sí, que se componía de manera grupal y usualmente en ambiente festivo entre varios poetas.

 

Para la composición de las rengas era muy importante el papel del hokku (estrofa primera de una tanka) pues este definía el tono y la temática que debía sugerirse en los versos siguientes de la tanka y era la estrofa que unía el final de una tanka con otra. En otras palabras, el hokku era la parte unificadora de la renga.

 

Por el protagonismo y prominencia que tomó el hokku en las rengas, poetas importantes como Sôgi, comenzaron a dedicarse a escribir solo este tipo de estrofas de manera independiente del resto de la tanka. El concepto ya reconocido como un género independiente se reconoció primero como haikai para posteriormente evolucionar a haiku, que es la forma que más se maneja en Occidente al hablar de esta clase de poemas.

 

Raíces espirituales del haiku y el budismo en Yosa Buson

 

El haiku japonés reconoce sus orígenes en las raíces de tres religiones y corrientes filosóficas de oriente: el taoísmo, confucianismo y el budismo.

 

Del taoísmo, fundado por Lao Tse, se puede notar la presencia en los haikus a través de su temática, en la que se expresan nociones taoístas como la inserción de la persona humana en el devenir de la naturaleza y la armonía en la que debe convivir con ella. Asimismo, la constante presencia de metáforas y paradojas en los haikus es también propio de conceptos dicotómicos del taoísmo, como el ying y el yang, presentes en el Tao y en el espíritu universal de todas las cosas presentes en la naturaleza en sintonía con el nuestro.

 

Considero que se puede observar esa identificación entre la naturaleza y el camino del ser humano en el haiku 18 de la obra de Buson:

 

«Lluvia otoñal:

cubre el agua esas hierbas

que voy pisando».

 

Ahora bien, del confucianismo, que se origina por Confucio (Kong Tse), el haiku expresa en su contenido gran influencia de la ética planteada por esta corriente. Este código moral plantea una vida ascética y de contemplación, en la que la persona se abstenga de los excesos y placeres innecesarios. La contemplación, meditación, observación e identificación con la naturaleza que tiñe los temas tratados en los haikus funde sus raíces en esta moral confuciana.

 

Finalmente, el budismo, fundado por el príncipe indio Siddartha Gautama, el Buda, influye en el carácter metafórico y de interiorización que tienen los haikus. Para la obra de Yosa Buson, Flores del Buda, es un pilar fundamental y evidente en la creación de los poemas, pues son todos dedicados al maestro Buda. Son fragmentos que invitan a la meditación desde la naturaleza y la reflexión sobre nosotros mismos pero desde ella.

 

Se puede ver clara la influencia y presencia del budismo en estos poemas en el haiku 51 del libro:

 

«Más allá de gran Buda,

un santuario shinto;

cantan cigarras».

 

Los haikus de Yosa Buson no se leen, se viven

 

Con cada breve composición de la obra de Buson se vive una experiencia profunda, sencilla pero refrescante. Pienso que leer haikus no es solo algo que se vive desde el aspecto literario, sino que es una vivencia que sucede en nuestro interior. Creo que cualquiera que haga un recorrido por estos versos puede rescatar algo valioso para su vida, aun si no comparte en profundidad la espiritualidad que profesa el poeta Yosa Buson. Me gustaría terminar con el haiku que he adoptado como mi predilecto de la compilación, el número 69:

 

«En mi soledad

hay también alegrías;

tarde otoñal».

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

IDEAS RELACIONADAS

Please reload

IDEA DESTACADA

Resoplo, suspiro

1/1
Please reload

MÁS IDEAS

Resoplo, suspiro

1/3
Please reload

SÍGUENOS

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon

© 2018 por Tenet Ideas. Creado por Grupo Goga

Ciudad de Guatemala, Guatemala.

  • Grey Facebook Icon
  • Grey Instagram Icon
  • Grey Twitter Icon