Sueños en venta

21/05/2019

“El mundo está repleto de soñadores comprados”. Aquellas palabras resonaban en mi cabeza. Era una noche fría de octubre, los sonidos del mundo se percibían a lo lejos. Sobre el tejado la luna me observaba suspirar. Veo la piel arrugada de mis manos y me pregunto: ¿Dónde estará la persona que alguna vez fui?

 

 

Me han contado que el reencuentro con uno mismo llega siempre para sacarnos del fondo del abismo. Me parece casi “poética” la idea de que la única persona que nos puede salvar al final sea uno mismo. Ahí, en el tejado, con mi vida derramada. Ahí, lo vi. Un pequeño niño, regordete y con demasiado pelo, me miraba fijamente. Me tomó algún tiempo reconocerlo, era yo a los diez años.

 

Luces triste, como si faltara algo dentro de ti —me dijo.

 

—Pues así luzco desde hace tiempo —contesté agotado.

 

—Lo sé, por eso vine. Vine a preguntarte si valió la pena —dijo.

 

—¿Qué cosa?

 

Vender tus sueños. Quería saber si todo el dinero que te dieron te hizo olvidar quien eras. Quería saber en qué momento dejaste o dejamos de soñar con ser arqueólogo de día y cantante de noche —dijo soltando una pequeña risa.

 

—Veras niño, crecí. Empecé a tener responsabilidades. Los sueños no mantienen a nadie —le dije excusándome.

 

—Sí, sé que tienes responsabilidades. Pero sobre todo tiene una y solo una vida. ¿Qué estás esperando? ¿Que alguien venga y la viva por ti? Dime, ¿cuántos cheques has recibido pensando que estás haciendo lo correcto, aun sabiendo dentro de ti que en realidad no has hecho nada? ¿Qué aún no te das cuenta? Pasas el tiempo buscando en fondos de botellas, en colillas de cigarros, en personas vacías, en música pasajera, buscando todo lo que logré hacerte olvidar ese vacío en ti. Pero siempre vuelves a este tejado, decepcionado de todo, de ti. ¿Cuánto más crees poder soportarlo? ¿Cuánto más vas a seguir posponiendo el vivir?  Ha pasado tanto desde la última vez que de verdad viviste, que tal vez no sepas ni por donde empezar. Tal vez ya es tarde para cumplir tus antiguos sueños, pero nunca es tarde para crear nuevos. Empieza por ahí, vuelve a creer en la maravilla, de que tu puedes dirigir tu vida. Vuelve a soñar —dijo mientras se levantaba y se iba.

 

De nuevo estaba solo, ahí en el tejado. Pensando, mientras las lágrimas caían por mis mejillas. Ese niño me devolvió algo que creía perdido (vendido) hace mucho tiempo. Me devolvió la necesidad de soñar y salir a vivir mis sueños.

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