Por qué fallan los propósitos de Año Nuevo

07/01/2019

Comienza enero. Se siente el frío, vuelve la rutina y se acaban los convivios. Es común escuchar frases como: "Este sí va a ser mi año", "Ahora sí me pongo en forma" o "Nuevo año, nuevo yo". Frases que van haciéndose menos frecuentes conforme pasan las primeras semanas del mes y terminan por ser -en la mayoría de los casos- frustrantes promesas rotas con uno mismo.

 

Esta no es una publicación dedicada a destruir los sueños ajenos. Por el contrario, es un balde de agua fría para quienes dejan a un lado sus metas con el paso del tiempo. Las personas que realmente consiguen dichas metas no son quienes esperan que el año les traiga solo cosas buenas, sino los que salen los 365 días a buscar lo mejor para su vida.

 

Fuente: Unsplash 

 

Todos tenemos metas. Viajar más, leer más libros, ponernos en forma, ganar más dinero del que ganamos, aprender a tocar un instrumento, conocer gente nueva, etc. Pero constantemente termina en "quiero" y no en "puedo". ¿Por qué? Muchas veces olvidamos que tenemos opciones. La mentalidad de escasez nos bloquea de pensar en lo abundante que es la vida y la cantidad de cosas que podemos hacer con ella. Las personas que están en una carrera universitaria por obligación, quienes llevan años en un trabajo que no los satisface y aquellos atrapados en relaciones insatisfactorias o "tóxicas", no logran destruir las limitaciones que los inhiben de lograr lo que quieren.

 

Las resoluciones de Año Nuevo se quedan en donde comienzan porque no solemos estar dispuestos a aceptar el sufrimiento que conlleva alcanzar una meta. Nuestra vida está guiada por dos fuerzas: lo que queremos y lo que estamos dispuestos a perder. Mientras menos estemos dispuestos a perder menos vamos a lograr.

 

Dostoievski una vez dijo "Solo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos". Una vida en la que huimos al sufrimiento, es en la que el sufrimiento se prolonga. Cuando visualizamos una meta vemos la distancia entre el punto A y el punto B, pero no vemos el camino entre ambos. Ese camino es el proceso de alcanzar nuestros sueños. La libertad, la salud y las relaciones humanas son grandes metas que conllevan largos procesos. Mientras más disfrutemos de los procesos, más vamos a estar viviendo.

 

La gratificación instantánea nos ha hecho impacientes, cómodos y ansiosos. Mientras vayamos cambiando nuestro camino de la gratificación instantánea a la gratificación retrasada, vamos a poder disfrutar más el día a día.

 

Si he de recomendar una meta para todos -incluso para mí mismo- es que en este 2019 seamos más felices. Reducir el estrés es la clave. Se comienza trazando el camino a las metas, y se trabaja para optimizar la situación hasta lo posible. No hay que dejar que las metas nos consuman, porque eso nos hace regresar al mismo vacío de antes. Debemos ser disciplinados tanto para trabajar como para desestresarnos.

 

Feliz año para todos.

 

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