#MiHistoriaNavideña: Mi primera vez

25/12/2018

Todos los años, mi Navidad era igual en cuanto a actividades. El 24, despertábamos a Misa por la mañana y de desayuno, un tamal. Visitábamos a mi abuela o venían mis primos a la casa. 

 

A las 12, terminar la Novena al Niño. Un abrazo y a dormir. El 25 también era similar. Misa de Navidad, un almuerzo en la casa y unos cuantos cuetes a las 18:00. Terminábamos con una película y a dormir.

 

El año pasado, fue la primera vez que todo cambió porque estabas. Tú, hiciste del día más feliz del años un poco más feliz. Recuerdo el almuerzo del 25 con tu familia. Y pensamos cómo le haríamos cuando nos casáramos, a qué casa íbamos a comer. No, mejor que vengan a nuestra casa. Tan sencillo y bonito sonó todo. Un sueño en común.

 

Me sonreías a cada momento, me abrazabas. Me escondía de ti porque sabía que te gustaba quemar cuetes...de esos que dejan un hoyo en el suelo. Me abrazaste y nos tomamos fotos haciendo caras chistosas.

 

Recuerdo que me rendí con querer que te pusieras un suéter o algo. Total, tu eras de esos que se van a Xela con una camisa como si nada. Tus manos tocaron mis guantes, eran color menta.

 

No dejaba de ver mi teléfono para leer el mensaje que me habías enviado la noche anterior. Era la primera vez que alguien me escribía a las 12, la primera vez que tenía a quién desearle una feliz Navidad y que no fuera mi familiar.

 

Unos 365 días después, es la misma fecha. Por primera vez, lloré más de un mes seguido. La tristeza me había abrazado como sustituyendo tus brazos.

 

Ayer escuché canciones navideñas, esas me hacían llorar desde antes que llegaras, así que solo sirvieron para incrementar el llanto. Te conté y creo que te pareció tierno. Creo que a nadie le gustan después de escucharlas por tres meses seguidos en los centros comerciales.

 

Pero era distinto para mí. Todas me hacían llorar. Empezó siendo por tristeza, pero luego, todo fue resignación. Fin de la conversación, o casi.

 

 

Es 24 y a esta hora, ya te habías ido, así que no se siente tan diferente. Me preguntó qué pasará después. Qué pasará el 25, cuando te vayas o me vaya y no sepamos qué será de nosotros.

 

Ahí se sentirá diferente.

 

Esta vez, no despertamos con nuestros mensajes. Me escribiste y me contaste de tu día. Yo pasé la tarde pensando si ya habrías comido, si te sentías bien o simplemente qué estabas haciendo.

Eran pinceladas de conversación, que ahora me parecían normales. ¿Qué pasará a las 12? No quiero llorar, no frente a ellos.

 

Y a pesar de todo, la felicidad creció en pocos días y se volvió inmensa, como debe ser. Nació Nuestro Señor, ese pequeño niño que me acompañó en los momentos en que lloraba, y no por escuchar villancicos.

Es el día más feliz de la historia. De mi historia. Ya vino Él, está aquí. Y esa felicidad me hace desear la tuya, sobre todas las cosas. Sé que vendrán días en donde sonreirás sin parar, donde disfrutes cada momento de un amor que no tendrá fin. 

 

Sé que tendrás cuidado, que comerás a tiempo y que ganarás tus exámenes. Sé que me recordarás, de alguna forma. Espero que sea linda, arreglada, como la primera vez que me viste. 

 

Recuérdame así.

 

Hoy vuelvo a estar feliz, entre escombros de tristeza que no logran opacar el sentimiento. Él me ayudará, te ayudará. Le pediré que te cuide siempre, ¿te parece? Así sabrás que estoy contigo, aunque no lo esté...o sí.

 

Recuérdame así, como esa Navidad. Yo te recuerdo así, y de muchas otras formas. Cuando estábamos.

 

Feliz Navidad, a ti, mi primera vez en muchas cosas.

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