Me enamoré del hermano de un integrante de CNCO.

18/12/2018

 

Aún no recuerdo el momento exacto en que comenzó a gustarme Zabdiel algunas veces había escuchado hablar de él y su banda, también había escuchado un par de canciones… pero su género musical no me atraía como pensé que fuera a atraerme alguna vez en la vida.

 

Los días pasaron y cada vez sus canciones me parecían más conocidas, ya no cantaba un coro sino toda la canción, y ya no era un simple cantante para mí, era un tipo de crush. Por suerte, mi mejor amigo era amigo de su manager, así que no era un sueño inalcanzable… los planes eran:

 

  1. Llegar a su hotel a conocerlos, en compañía de mi mejor amigo.

  2. Pedirle una que otra foto y ser yo misma para intentar llamar su atención.

  3. Tal vez expresarle mi admiración por su música

  4. Dejar que siguiera con su gira.

  5. Y, esperar a que regresara para seguir esperando ese sueño de salir con alguien famoso (aunque sabía que eso no iba a pasar, pero me gustaba imaginarlo).

 

Todo parecía como lo planeado, ya había completado el punto número cuatro. Hasta que… apareció su hermano. ¿Qué posibilidad había de que el hermano de mi crush famoso me mandara una solicitud de amistad en Facebook sin tener idea que él era hermano de Zabdiel? Exacto, una en un millón… y para mi buena y mala suerte, yo era una en un millón. Recuerdo que minutos antes de aceptar dicha solicitud investigué un poco su perfil, ya que me parecía extraño que una persona de Puerto Rico hubiera mandado solicitud solo porque sí a una chica que se encontrara a dos mil quinientos cincuenta y ocho kilómetros de distancia de él.

 

Terminé aceptando su solicitud y justo en ese momento se me presentó un imprevisto, por lo que no pude investigar más allá de su vida. No había tomado mi teléfono en más de dos horas, y cuando por fin lo hice tenía un mensaje en la bandeja de entrada… era Jan, el chico que me acababa de mandar solicitud. «Hola» decía el mensaje, a lo que también respondí con un hola cinco minutos después, y ahí comenzó una conversación común y corriente. Uno de mis sueños más grandes había sido viajar a Puerto Rico y comer mofongo, pero lastimosamente no había podido cumplirlo todavía… así que comencé a preguntarle a Jan por las costumbres puertorriqueñas, sus lugares turísticos y demás. Se suponía que yo estaba enamorada de su hermano como fan, pero Zabdiel se fue quedando atrás cuando los chats con Jan se volvían largos y con temas de conversación ni cerca del nombre «Zabdiel».

 

Jan era aproximadamente dos años menor que yo, así que era imposible verlo de una manera diferente, puesto que tenía la edad de MI HERMANO. Pero como dicen… entre más lo piensas más real es, y así fue como comencé a enamorarme de Jan.

 

En mi defensa, era mucho más alto que yo, su voz era tan ronca que no parecía niño, y… tan maduro que la edad comenzó a ser solamente un número para nosotros dos. No quería sentirme ilusionada, porque no nos conocíamos en persona, solamente por fotos, llamadas y video-llamadas, pero realmente sentía que la distancia era nada a comparación de esas noches en desvelo en las que me cantaba cualquier canción, sin importarle que en Puerto Rico eran cuatro horas más tarde que en Guatemala…

 

Un día, hablando por teléfono, CNCO ganó un premio importante de música, así que lo celebramos en «familia» por teléfono, conocía a sus papás, a sus hermanos y a sus amigos, prácticamente manteníamos ya una relación a larga distancia y los dos lo habíamos ignorado. Pero lastimosamente no todo es como en los cuentos de hadas, el tiempo fue pasando y las barreras fueron más y más fuertes… y la crisis comenzó a hacer su aparición.

 

Sin embargo, la madurez de Jan me sorprendía cada que pensaba en nuestras edades: «voy a llegar a Guatemala a verte, necesito conocerte ya» me dijo por teléfono en una madrugada de Puerto Rico, al principio pensé que estaba exagerando y que no era posible que viniera, pero luego de analizarlo con calma no parecía imposible, ya que el papá de Zabdiel también era integrante de una banda de rimas y tenía un concierto en Guatemala. Así que un mes después, el día llegó, yo me encontraba en el aeropuerto esperando por Jan, a lo lejos podía observar que alguien caminaba hacia mí, era él… y a pesar de siempre burlarme de las películas en las que los chicos salen corriendo a abrazarse, lo hice también. Comencé a correr directo a Jan, y él comenzó a correr directo a mí, cuando lo abracé pude sentir cómo había valido la espera tantas noches viéndonos por una cámara, tantos mensajes que a veces no eran respondidos con rapidez por la diferencia horaria… tanto, tanto había esperado y por fin lo tenía conmigo.

 

Pasamos tres días increíbles, una vez me prometió llevarme a comer mofongo, pero estábamos en Guatemala, así que lo llevé a conocer Antigua Guatemala y a comer de nuestra comida típica. Gracias a Dios pasó desapercibido, en ese momento no tenía los miles y miles de seguidores en Instagram que hoy en día tiene… reímos, cantamos, lloramos al despedirnos, fue todo un sueño hecho realidad, un sueño que ambos soñábamos por igual. Pero, luego de una semana, las cosas cambiaron de repente, un huracán arrasó con Puerto Rico, pero no solamente con Puerto Rico, también con mi relación.

 

Recuerdo haber pasado más de tres días sin lograr comunicarme con Jan, no tenía respuesta alguna, preguntaba con sus familiares y amigos pero ninguno contestaba, así que comencé a querer investigar por mi cuenta, aunque no entiendo hasta hoy qué quería investigar, porque no tenía acceso a nada que pudiera brindarme información de Jan. Luego de una semana de angustia por fin apareció Jan en sus redes sociales y en mi Whatsapp, sentí que el aire volvía a mis pulmones y que yo volvía a la vida… pero Jan no regresó a mí, una parte del huracán se había llevado al Jan del que me había enamorado.

 

Su risa no era la misma, y entendía porque Puerto Rico estaba destruido, su gente no encontraba motivación. Comenzó a dormir más temprano de lo normal, nuestras conversaciones no eran las mismas, y nuestras llamadas habían disminuido minutos… sabía que algo malo estaba sucediendo, y no podía hacer nada para cambiarlo, porque simplemente él estaba allá y yo en Guatemala. En una de esas últimas llamadas que tuvimos me dijo que debíamos hablar… sabía que era el fin de los chinos (yo le decía chino por su acento, y él a mí solo porque sí).

 

«Sé que no es justificación, pero después del huracán nos unimos con los de mi iglesia para recaudar fondos, y conocí a alguien…» mi corazón no podía seguir escuchando las palabras que estaban saliendo de la boca de Jan… no podía creer lo que estaba pasando en ese momento, sentía lo que siente cualquier chica enamorada con el corazón roto: que el mundo se me venía encima. Pero, como era costumbre me quise hacer la valiente, funcionó a la perfección por la distancia, pero Dios sabe cuántas lágrimas derramadas quedaron impregnadas sobre mi almohada. Decidí no luchar en un guerra que ya estaba perdida, así que solo pude desearle lo mejor desde el fondo de mi corazón e intentar dejar de amarlo, aunque parecía imposible en ese momento.

 

 

Sentada mientras escribo, tiempo después de haber tenido el corazón roto, me doy cuenta que el Jan del que me enamoré ya no existe, que el Jan que tiene miles de seguidores y se cree la gran cosa por ser ahora famoso no es el mismo al que no le importaba la fama de su hermano y evitaba a toda costa ser reconocido. Me di cuenta que el Jan que tenía miedo de cantarle al mundo y solo me cantaba a mí, ahora sube sus videos a YouTube para que sus «fans» puedan ver sus covers; me di cuenta también que el Jan que se burlaba de mí por no poder decir la palabra «examen» y comentaba todas y cada una de mis fotos, ahora respondía a los comentarios de todas con un corazón después de haber roto con la chica que me reemplazó…

 

Hoy me doy cuenta que si me dieran la opción de regresar el tiempo y poder charlar una vez más con ese Jan, lo haría una y mil veces, porque si de algo estoy segura es que nadie logró conocerlo más que yo y como yo, aun estando a miles de kilómetros de distancia… pero no es así, no es el mismo y no sé si quiero volver a encontrar algún día a este Jan, y si es así deseo que su vida sea buena y que una esencia de su pasado siga presente.

 

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