Ella, la que rompe paradigmas

Ella no era común y corriente, mientras las demás se encontraban demasiado ocupadas arreglando su cabello y mejorando su imagen, ella se preocupaba más por incrementar su conocimiento y creas nuevas ideas. Cualquier persona podía oler a lo lejos su independencia, y es que, no se creía esos cuentos de la doncella en peligro, esa doncella que esperaba a ser rescatada por un príncipe… tan claro lo tenía desde su niñez, que no en balde su princesa favorita era Mulán.

 

Mostraba seguridad aunque su inocencia y timidez la delataban de vez en cuando. Era del pensamiento que por más difícil que se tornara la situación, la persona era débil solo si se dejaba ver débil ante los demás. Una de sus debilidades era que sabía perfectamente lo que quería, y hacia dónde se dirigía; por lo tanto, pareciera que no era una debilidad, pero sí… porque eso implicaba luchar por alcanzarlo, y si no sabía cómo, se inventaba la manera de hacerlo. Su padre vivía preocupado de su forma de ser, porque era tan decidida que cuando una persona le decía <<No podes hacer esto>>, su respuesta era <<Ah, ¿no? Mira cómo lo hago>>; sin embargo, también estaba seguro de que tenía límites, ya que sabía que sus miedos más grandes, aparte de perder a su familia, eran las arañas y las alturas.

 

El mundo le ordenaba a gritos tomar órdenes de los que la rodeaban, pero ella no era cualquiera, sus decisiones las tomaba ella y nadie más, de vez en cuando preguntaba la opinión de otras personas que no fueran sus padres, porque ellos siempre iban incluidos en el paquete. <<Demasiado práctica para ser una chica>>, le decían sus amigas… pues no se complicaba con nada, el positivismo conformaba el noventa y nueve por ciento de su vida diaria, y su sonrisa no se veía apagada por ninguna situación… tal vez era lo que más les gustaba a ellos de ella. Su peinado más elaborado consistía en tomar una cola de caballo y enrollarla junto con su cabello para formar un yo-yo, y nunca le fallaba su suéter gris, flojo y desgastado, con los jeans de cintura alta. En lugar de un bolso de mano, su libro de temporada la acompañaba; pero, no con un café, como los demás, sino con un té de menta, manzanilla, piña… lo que fuera. ¡Ah! Y hablando de piñas, se volvía loca por las piñas desde que tenía memoria.

 

Todos los días se levantaba y lo primero que hacía era dar gracias a Dios por un día más de vida, seguido de su canción favorita mientras se cepillaba los dientes… le encantaba disfrutar el día a día, pues sabía a la perfección que todos los días eran una nueva oportunidad de aprender algo nuevo, de volver a vivir, de elegir correctamente, o de equivocarse y tocar fondo. Le gustaba conocer nuevas personas, y jamás se fijaba en clases sociales, para ella era lo mismo comer con una señora de limpieza, que comer con la reina de Inglaterra… la educación y la humildad eran parte vital de su crianza. 

 

Nunca jugaba a esperar al príncipe perfecto, estaba consciente que en cualquier momento podía escogerlo… sí, escogerlo, porque le enseñaron desde muy pequeña a amarse a ella misma, y cuando se amó completamente se dio cuenta que un hombre no es aquél que se necesita para ser salvada, sino aquél que se quiere porque se está enamorada. Le costaba encontrar a una persona que pudiera mantener una conversación real, que fuera más allá de solo fijarse en lo físico, y que la hiciera despertar una conexión como la que sentía solo con leer las rimas de su poeta favorito: Adolfo Becquer. Sus temas favoritos de conversación iban más allá de los normales, podía estar hablando de música, y al otro instante de cosas paranormales; también era normal su facilidad para escribir rimas, aunque las canciones improvisadas parecía su maestría.

 

 Fuente: Unsplash

 

Ella era ella, la que no era celosa porque quien quiere estar está, porque sabía perfectamente lo valiosa que era; era la que quería encontrar a alguien que la complementara, que no fuera más ni menos, que tuvieran metas y sueños que alcanzar, y sobre todo… que la acompañara a volar. Prefería mil veces una buena Big Mac que una gaseosa de dieta, pero no le gustaba añadir azúcar extra por una simple razón: si le agregas azúcar… pierde su esencia natural. No obstante, el azúcar de sus postres favoritos (Ferrero Rocher, pie de limón y pastel de chocolate) eran su debilidad, tanto así que creía que nunca iba a existir una cantidad de azúcar suficiente para tan deliciosa satisfacción. Era de esas que iban directo al grano, no necesitaba darle muchas vueltas al asunto para decir lo que pensaba… si creía que era celeste lo decía sin miedo, aunque en realidad fuera amarillo, total, perdía vergüenza y ganaba experiencia y conocimiento.

 

En su tiempo libre le gustaba bailar en su habitación, bailaba tan bien que se perdía entre sus pensamientos y olvidaba que no era parte de las coreografías de los vídeos de sus artistas favoritos; también leía solo por diversión, porque era una manera de escapar a un mundo que había sido inventado por alguien más… tanto así que uno de esos libros fue su inspiración para escribir el suyo. Tenía una lista de cosas que quería hacer antes de morir, estar en dos lugares al mismo tiempo era una de las más importantes… pero no quería lograrlo sola, quería que alguien fuera testigo de la inmensa felicidad que le causaría ese momento.

 

Ella era ella, la que rompía paradigmas, la que no me alcanzarían las palabras para escribir mil cosas más que se me cruzan por la mente en este momento por el simple hecho de ser demasiado… ella es cualquiera que se identifique con este escrito… es ella, la que no tiene miedo a ser quien es, porque por ser diferente ha logrado mucho.

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