Lo que sucede cuando no respetas las creencias ajenas: Caso Vogué

06/10/2018

Ayer llegué a la universidad y me senté para hablar con mis compañeros sobre lo molesto que es estar en un país en donde todos exigen tolerancia, pero pocos la practican. Todo inició cuando vi el post que la compañía Florales Vogué hizo en Facebook.

 

Jessica Figueroa, la gerente general, publicó su experiencia con las personas que le rentan el local a la empresa, quienes han decidido condicionar su permanencia allí a partir de que quiten las imágenes de la Virgen María. Les parecen “ofensivas” (condición que, definitivamente, no está en el contrato de arrendamiento al que ambas partes accedieron).

 

Se los voy a poner así: se trata de una compañía que, como muchas otras en Guatemala, se dedica a servir a las personas por medio de las labores diarias, y los empleados realizan el trabajo con todo el esmero y dedicación posibles. No son terroristas, ni delincuentes… Entonces, ¿por qué deben “apagar” sus creencias para que su lugar de trabajo no se vea afectado?

 

Muchos dirán “claro, como son católicos los defienden”, y no. El problema no solo es que le digan a un católico que quite una imagen de la Virgen, porque sería igual de molesto e indignante si esto le sucediera a un testigo de Jehová, un budista o un judío. Tampoco se limita a que sea una pequeña ofensa. El problema, queridos amigos, es que se trata de una violación a sus derechos.

Fuente: Unsplash

 

Según el artículo 36 de la Constitución Política de la República, “el ejercicio de todas las religiones es libre. Toda persona tiene derecho a practicar su religión o creencia, tanto en público como en privado (…) sin más límites que el orden público y el respeto debido a la dignidad de la jerarquía y a los fieles de otros credos”. No sé si me atrasé en noticias y esto fue reformado mágicamente sin que nadie lo supiera, o tal vez estuve demasiado tiempo en otras cosas para no darme cuenta de que el artículo ya no existe, pero, si las cosas siguen igual a como las conozco y nadie ha cambiado la Carta Magna, yo diría que todavía estamos en un país en el que se puede profesar las propias creencias sin ser atacado o discriminado.

 

Quisiera preguntar (pues, para que tengamos las cosas claras): ¿Ya vivimos en un lugar en el que solo hago negocios contigo si creemos en lo mismo?, ¿ahora está bien que condicione nuestra relación a partir de lo que profeses?, ¿se supone que ya tengo derecho a coartar tu libertad y silenciarte porque “me ofende” que seas creyente, a pesar de que no me estés causando daño alguno? Si la respuesta es sí a cualquiera de las anteriores, Houston, tenemos un problema.

 

Tengo amigos católicos, ortodoxos, evangélicos, ateos, new age y, bueno, de todo, y yo nunca he visto que el creer en una cosa u otra los haga inferiores o superiores a los demás. Cada vez que conversamos sabemos que cada uno puede decir lo que piense sin ser juzgado. Nos escuchamos unos a otros, planteamos dudas, comentamos y a veces discutimos, pero tenemos la certeza de que, aunque no siempre estemos de acuerdo, no hay razón para faltar el respeto a lo que creen los demás. Más allá de nuestros papás, el colegio o la universidad, ¿saben quién nos enseñó eso? El sentido común.

 

En fin, lo que sucedió con Vogué es lamentable y es posible que le esté pasando a muchas otras personas que viven en este país pensando que son libres de mantenerse fieles a sus convicciones, cuando la realidad a veces es otra. Sirve para que nos demos cuenta de que estas cosas no solo suceden del otro lado del mundo donde, sí, la situación es más difícil, pero no podemos olvidar que comenzó siendo algo pequeño que solo afectaba a unos cuantos, hasta que poco a poco se fue gestando hasta ser la guerra que vemos ahora.

 

El silencio no es una opción. Si se deja pasar este caso, y luego otro, y uno más, vamos a terminar viviendo en un sitio cada vez más deshumanizado, donde todos seamos completos desconocidos y el hacer el bien o darle la mano a alguien esté condicionado a que todos piensen igual.

 

No es queja ni berrinche. Es repulsión a la injusticia.

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