Memorias de un hospital - Parte I

30/08/2018

 

Me levanté más temprano de lo usual para llegar al hospital lo más rápido posible. Había esperado por esta operación durante muchísimo tiempo, y ahora, al fin, había llegado mi turno de entrar al quirófano.


La verdad es que llevaba varios meses con este malestar, pero decidía no ponerle atención (tal vez se iba solito), hasta que un día se volvió más fuerte y mis hijos decidieron llevarme al hospital. Intenté disuadirlos, pero creo que ya nadie le hace caso a un sesentón como yo, así que terminaron llevándome al sanatorio más cercano. 


Estacionamos el carro, un policía nos tomó los datos y a los pocos segundos había un enfermero con una silla de ruedas dispuesto a recibirme para llevarme a evaluación. Subimos dos o tres pisos en el elevador y, al salir, entramos en la clínica seis. El doctor me puso en una camilla, tomó mis signos vitales, me palpó el abdomen y me lanzó una mirada que me hizo entender que ambos pensábamos en lo mismo.


—Hay que operar— dijo el hombre que acababa de evaluarme, y les pidió a mis hijos que salieran un momento para explicarles lo que sucedería ahora. Efectivamente, era el momento de iniciar un tratamiento agresivo que, entre otras cosas, implicaba tomar un montón de pastillas a diario y hacerme a la idea de que me quedaría sin cejas. —Por ahora haremos exploración para ver qué tan avanzada va la cosa— añadió, y se alejó con mi expediente hasta que ya no pudimos verlo por el pasillo.


Pasaron unas horas y veía a mi hija cada vez más preocupada, hasta que me animé a preguntarle qué le ocurría. Con muchísima pena me dijo que ansiaba mi recuperación, pero le angustiaba no saber cómo conseguiría el dinero necesario para el tratamiento. Yo, por otro lado, intenté calmarla diciendo que seguro Dios se encargaría de eso, y si no ocurría todo como esperábamos, pues al menos me iría con la satisfacción de haber comido, viajado y amado cuanto quise. Entre lágrimas le saqué una pequeña sonrisa, y luego comenzamos a hablar de otras cosas.


A la mañana siguiente, mi hijo llegó con una cara de pesar que no le había visto nunca. Se sentó a mi lado, bajó la cabeza y me dijo que estaba muy avergonzado, pero creía que era el momento de ir a otro sitio, porque “las arcas estaban vacías” y ya no podíamos con una deuda más. Sonreí y lo acepté. A fin de cuentas, todo es para bien.
 

Me dieron de alta y llegamos a la casa sin decir nada. Mi hijo comenzó a llamar personas para saber a qué lugar era conveniente ir para el tratamiento, pero ninguno dio una opción accesible. Nos rendimos y visitamos un hospital público, donde también me examinaron y dijeron lo mismo que el otro médico. Me dieron un carné con una ficha de papel pegada atrás, donde decía cuándo debía volver para que me operaran… Faltaban tres meses.

 

De nuevo, volvimos a la casa, y aunque intenté conservar el buen humor, ahora sí me invadían las dudas: ¿Y si me muero en dos semanas? ¿qué va a pasar si en tres meses ya es demasiado tarde? ¿Qué tal si estoy peor de lo que pienso? ¿y si mejor pido un préstamo y busco un sitio donde me atiendan rápido?

 

Volví de mi monólogo y decidí no darle más vueltas al asunto. Lo mejor era vivir cada día al máximo, aprovechar el tiempo y ser tan feliz como pudiera, y así lo hice: Si quería comía el postre desde antes de desayunar, veía las películas que quería, pedía prestados los mejores libros y todos los días me vestía elegante, porque ahora cada minuto era una ocasión especial.

 

Un día y otro, y uno más, y así hasta que pasaron los tres meses. No lo podía creer, pero al fin había llegado el día en el que sabría a qué me enfrentaba. Estaba emocionado y la esperanza que estaba evitando volvía de a poco, pero definitivamente no estaba preparado para lo que vendría después.

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

IDEAS RELACIONADAS

Please reload

IDEA DESTACADA

Resoplo, suspiro

1/1
Please reload

MÁS IDEAS

Resoplo, suspiro

1/3
Please reload

SÍGUENOS

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon

© 2018 por Tenet Ideas. Creado por Grupo Goga

Ciudad de Guatemala, Guatemala.

  • Grey Facebook Icon
  • Grey Instagram Icon
  • Grey Twitter Icon