Crónicas de un corazón roto: Bautizo

27/08/2018

"Ya llevamos 13 semanas estrenando casa, estrenando matrimonio y todo seguía igual o peor. Antes llegabas a las 12 de la madrugada y me avisabas. Ahora que me mantengo en la casa, llegas a las 3 o 4 y es obvio que me entero.

 

Entre otras cosas, también dejaste tu trabajo por segunda vez y compraste un nuevo televisor, el más moderno de todos. Cambiaste el perfume que tanto me gustaba por ese olor a alcohol y quién sabe qué más.

 

El perro sigue igual, un poco más gordo, pero igual. Ruidoso y escandaloso. Lo quiero matar. La ropa sigue igual, los planes siguen igual. 

 

Al menos en teoría, esa que me creí y que ahora decidí creer para siempre. Los pedazos de mierda son los que ya no siguen ahí. Esos cerotes, hijos de puta, pedazos de mierda de mis amigos, de mis compañeros de la secundaria, de mis familiares. Así les decías; dices.

 

Esos pedazos de mierda se fueron, o más bien, los eché de mi casa. De la loca de la casa, ya saben cuál es. Esos cerotes ya no me invitan a comer un sábado por la mañana, los hijos de puta me olvidaron de la lista de amigos. Y mejor, así es mejor.

 

 

 

Los pedazos de mierda de mis familiares también se fueron. Esos maricones de mis amigos están felices donde siempre quisieron estar. Los huecos alcanzaron sus metas, son libres cerca de ese ser inmortal, ya saben cual. 

 

Los cerotes se marcharon y dejaron solo los recuerdos de la adolescencia. Esos maricas tienen una familia, tienen un perro y no les importa nada más que ser felices a su manera. Su forma de pensar tan estúpida, pobres huecos, sigue ahí intacta. Qué envidia me dan. 

 

Y encima, todo esto me parece triste, porque ya no tendrás de quién burlarte ahora. Ya no tengo a nadie de quien te puedas reír, criticar o intimidar. Tu sonrisa también se fue. Ya no tienes a bautizar con esos cargos tan nobles que el vocabulario permite: ¡Cerotes! ¡Mierdas! ¡Hijos de puta! ¡Hueeecos! Toda una dama.

 

Me río. Acabas de venir y traes ese humor. Traes la cena, total al final nuestros papeles se invirtieron y me convertí en un amo de casa. Con que no bautices de cerote a mi hijo está bien...aunque es parecido a tu rechazo hacia él.

 

Sigo leyendo el libro como si nada. Tiras las bolsas en la mesa y abres la caja del menú que compraste. Lo escupes, y te parece asqueroso. Lo bueno de todo, es que al menos el chucho encontró qué comer en esta suciedad, en esta sequía. 

 

¿A quién podrás bautizar ahora? "

 

Santiago

32 años.

Desde su sala de estar.

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