“No”, y el mundo deja de ser igual

No puedo evitar pensar que los humanos somos un poco –o quizás muy– extraños. Además de nuestra complejidad biológica, poseemos una tremenda capacidad racional que nos distingue entre los demás seres vivos del planeta. No obstante, nuestras cabezas no siempre nos facilitan la vida: también caemos en equivocaciones garrafales.

 

En esa lista de errores horríficos, debo resaltar uno que constantemente cometemos: concebimos ideas inhumanas y mayoritarias como pensamientos “normales” y “correctos”. ¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que la sociedad medieval se diera cuenta de que esas “bestias” nativas de América merecían el mismo respecto que el resto de los humanos?

 

Este enorme desacierto implica –desde la primera vez que se cometió– graves consecuencias. Cuando nuestros cerebros normalizan pensamientos brutales, la verdad se ve forzada a esconderse en un rincón oscuro. Un consenso atroz provoca que las personas no noten que sus ideas deben ser corregidas. Es simple: si un determinado pensamiento domina, se percibe como “correcto” y, por lo tanto, no debería cuestionarse. Es por ello que a la humanidad le tomó tanto tiempo descubrir que aquellos indígenas no eran animales, sino humanos.

Rosa Parks junto a Marthin Luther King, Jr.

Fuente: Wikicommons

 

La oscuridad mental ha logrado envenenar numerosas sociedades – hoy y siglos atrás–, pero no es un crimen que siempre queda impune. La historia ha visto nacer a personas que, gracias a una enorme dosis de valentía y convicción, dijeron “no” y cambiaron al mundo. La estadounidense Rosa Parks (1913-2005) encarnó perfectamente esa oposición a la norma putrefacta.

 

Parks tuvo que enfrentar una de las ideas normalizadas más crueles de Estados Unidos en el siglo XX: el racismo hacia los afroamericanos. Fue un pensamiento tan arraigado en las mentes caucásicas que llegó a ser respaldado por la legislación. Se trató de un apoyo fulminante, pues impuso la idea hasta en lugares muy sencillos: los autobuses públicos. Por ley, los afroamericanos de aquella época debían ceder su asiento –si era de la parte delantera– a cualquier blanco que lo exigiera. Así, sin más.

 

Tras años de opresión y maltrato, el 1 de diciembre de 1955 la realidad tomó otra dirección. La jornada cotidiana de nuestra mujer se convirtió en una hazaña heroica cuando se negó a cederle su asiento a un hombre. Fue el día en que nuestra mujer dijo “no” y cambió al mundo para siempre. Quizás ya se habían dado incidentes similares en el pasado, pero Parks –¡una mujer negra!– dejó caer la gota que rebalsó el vaso. Los miembros de la raza “negra” no solo estaban hartos de perder su asiento, sino que también estaban hartos de perder su dignidad.

 

A pesar de que fue encarcelada por unos días, Parks motivó la creación de un exitoso movimiento liderado por “negros” que boicoteó a los autobuses hasta que las autoridades estadounidenses plasmaron una igualdad de derechos en la legislación. Una sola palabra de Parks contribuyó descomunalmente a vencer un consenso despiadado: tuvo el valor de hacerle frente a ideas que, si bien eran percibidas como “correctas”, representaban razonamientos perversos. Provocó que las voces de la verdad salieran de su lúgubre escondite y empezaran a difundir pensamientos justos y humanos. ¿Cómo el color de piel es motivo de rechazo? Nuestra figura encendió la chispa que reventaría el debate en Estados Unidos sobre el racismo hacia afroamericanos, quienes han ganado una mayor aceptación conforme el paso del tiempo.

Barack Obama en el mismo asiento de Rosa Parks (2012)

Fuente: Pete Souza (Casa Blanca)

 

Después de 60 años de aquel episodio triunfante, los humanos del 2018 debemos preguntarnos si le estamos diciendo “no” a esas ideas malignas que tienen una apariencia de verdad. No solo es casos raciales, sino en cualquier otra realidad. ¿Creemos que las mujeres no son capaces como los hombres? ¿Las seguimos culpando de los abusos sexuales? ¿Continuamos pensando que la muerte fácil es la solución de los problemas complejos? ¿Dejaremos de emplear la palabra “indio” como insulto?

 

Seamos como Rosa Parks. “No”, y el mundo deja de ser igual.

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