#ViajesTenet : Qué hacer en el bohemio Montmartre

15/07/2018

Ah, la vie en rose… Caminando una brillante mañana de verano a la orilla del Sena la torre Eiffel perfila el horizonte, los míticos vendedores de los estantes verdes colocan los posters de pelis retro, y cómo obviar el Sacre Coeur muy al fondo, a la cima de una montaña de edificios arrimados. 

 

Esta colina es un distrito muy vibrante llamado Montmartre. No hace mucho era la zona de burdeles y la residencia de artistas de impacto como Dalí, Van Gogh, Picasso y Monet. Desde entonces pasó a ser indudablemente el barrio bohemio de la ciudad. El distrito se popularizó la década pasada por la película Amélie (2001, Jean-Pierre Jeunet) pues la mayor parte de las escenas se rodaron por sus rúas.

 

 

Actualmente Montmartre es una joya turística que reúne a artistas callejeros, galerías de arte contemporáneo, pequeños comercios especializados, diseñadores de ropa emergentes, los clásicos bistrós parisinos, deliciosas boulangeries, boutiques de ropa de segunda mano y una vista de París que te dejará boquiabierto. En el blog de hoy te mostraré el recorrido que toda persona en su sano juicio debe hacer aquí en su visita a París y un par de recorridos alternativos si tienes más tiempo.

 

 

Imprescindibles

 

Saliendo de la parada de metro Abesses (línea 12) te sugiero subir caminando la cuesta al Sacre Coeur pues en el camino encontrarás escalinatas con grafitis, pequeños bistrós mágicos, frases introspectivas en las paredes y tiendas especializadas con todo tipo productos sugerentes. Por otro lado, si vas con niños o personas con alguna discapacidad será mejor usar el funicular, otra forma cómoda y divertida para llegar a la cima.

 

De camino al Sacre Coeur te reto a que encuentres el Muro de los Te quiero (Mure des je t’aime) una enorme pared de azulejos azules que tiene inscrito “te quiero” 300 veces en 250 idiomas. Creo que esta obra le arrancaría un suspiro hasta a los corazones más fríos.

 

 

Más adelante, a ver si te topas con un viejo molino de madera rodeado en medio de una casa azul. Este es Le Moulin de la Galette, un referente local que el mismísimo Van Gogh pintó varias veces. Ahora es un excelente restaurante que recomiendo mucho (reserva tu mesa con anticipación).

 

 

Si alcanzas la Maison Rose entenderás en Technicolor lo que es Montmartre, con sus enredaderas, caminos empedrados y terrazas de mesitas y sillitas, todo siempre muy “petit”. Personalmente este es un rincón que me fascina justo antes del anochecer, cuando el Sol se ha puesto, los postes recién encienden, pero todavía se ve algo de claridad en el cielo.

 

 

Sin saberlo, entramos a Rue Novins. Los turistas se masifican aquí y la calle se vuelve angosta, pero increíblemente la magia no se pierde. Este es el momento de comprar los llaveritos de la Eiffel y las estampas que querías llevarles a tus amigos.

 

Luego llegamos a la Place de Tertre, qué espectáculo visual. Montones de bistrós coloridos, estilizadas siluetas fumando, artistas callejeros ofreciendo pinturas o dibujando retratos por doquier, la atmósfera parisina es espesa… se siente con solo agitar los dedos al aire.

 

 

Es tiempo de descansar un rato así que aprovecha a merendar algo o cenar. Yo, que prefiero los lugares tranquilos y secretos, suelo relajarme en la terraza de Chez Plumeau, ubicado en un callejón cerca de Place de Tertre. Su pérgola adornada con una enredadera de flores lilas y faroles colgantes es quizás lo que me atrajo aquí, y me hizo repetir el sabor de su comida.

 

 

Paga la cuenta, estírate y a pocos metros al fin verás la cúpula de la blanca basílica. Si vas en verano es posible que encuentres una fila aborrecible. En ese caso no te recomiendo hacerla porque en el graderío tienes la misma vista panorámica de la ciudad gratis y sin hacer fila. Este es un lugar idóneo para hacer un picnic, tomar un bronceado y esperar al atardecer. Tras el ocaso bajamos por los jardines de Square Louis Michel. Encontrarás a bailarines haciendo piruetas fantásticas y el aroma a orín que tanto caracterizan a este parque. Cuando bajo por aquí no me resisto imaginarme a Amélie dejándole las pistas a Nino Quincampoix por recovecos con el fin de conocerse y allí, en la plaza Saint Pierre todavía está el descolorido carrousel.

 

 

Corremos la Rue de Steinkerque, otra calle más de souvenirs y buenas gangas donde te es permitido regatear así que sí andabas indeciso sobre tu compra de recuerditos este es el último aviso. Siguiendo recto por la calle está la parada del metro Anvers, y desbordado de encantos, habrás terminado la excursión

 

 

Rutas alternativas

 

Si te suenan Moulin Rouge y Le Chat Noir este recorrido te va a fascinar. Y es que el erotismo y el morbo van de la mano con Montmartre. Justo a los pies del barrio, el Boulevard Clichy anida a estos míticos cabarets. También sobran los sex shops y por si fuera poco aquí está el Museo del Erotismo (Musée de l'Erotisme). Vale también cargarse de valor y entrar al Cementerio de Montmartre porque es una maravilla atribulada de estatuas de ángeles negros, flores marchitas y mausoleos terríficos. Me resulta imposible esquivar a Dalí en esta lista, y por eso debes rendirle tributo en el Espace Dalí (Place du Tertre), un edificio dedicado exclusivamente a obras del retorcido artista. Si de dinero no cojeas te obligo a asistir a una noche de cancán al Moulin Rouge, es verdaderamente un espectáculo que no olvidarás.

 

 

Si la ropa de segunda es lo tuyo, eres de los míos. Échale un vistazo a Chinemachine (10 Rue des Petites Écuries), Mamie Blue (69 Rue de Rochechouart), Guerrisol (19 Avenue de Clichy) y By Flowers (86 Rue des Martyrs). De todas formas, media docena de boutiques esperan desperdigadas si no sales convencido de lo que viste así que te animo a vagar por ahí y dejarte llevar sorpresas.  Eso sí, lleva dinero en efectivo porque la mayoría de tiendas no tiene POS.

 

 

Estoy tan obsesionado con Amélie que he de confesar que esta peli me introdujo al barrio. Y es que (qué notición), ¡el Café des Deux Moulins es real!

 

El mini recorrido del París de Amélie entonces comenzaría en la sex shop Palace Video, donde Nino trabajaba (37 Boulevard Clichy), continuaría con un triunfante aperitivo en el Café des Deux Moulins (15 rue Lepic) mientras te imaginas a Amélie atendiéndote en la barra, la compra de un par de melocotones en la frutería Au Marche de la Butté (se llama Epicerie Collignon en la película, 56 Rue des Trois Fréres), ver una peli de culto si tienes tiempo en el Studio 28 (10 Rue Tholozé), y en fin, ve a Place Saint Pierre y exhala profundamente mientras te sostienes del caballito y giras y giras dentro del rancio carrousel.

 

 Fotografías: Cecé Explorer.

 

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