La condición humana

Imagina que estás parado en una habitación; en el centro de la estancia se encuentra una mesa con un florero sobre ella. Detrás de ti la luz solar se cuela a raudales a través de una ventana e ilumina el florero que está sobre la mesa. Nada te ha parecido tan bonito, observas embelesado con una sonrisa en el rostro. Puedes ver los vivos e intensos colores de las flores resplandeciendo ante la luz, es una escena preciosa de observar, desde donde estás parado.

 

Ahora imagina que estás de nuevo en la misma habitación, solo que ahora del lado opuesto al tuyo se encuentra parada otra persona, observando la misma escena que tú, el mismo florero sobre la misma mesa, pero hay algo extraño: su expresión es triste y disgustada. No entiendes el motivo, entonces le preguntas qué pasa y te dice que le entristece la escena pues la sombra que proyectan las flores es deprimente y los colores están apagados.

 

Atraviesas presuroso la habitación, te paras donde está el otro y efectivamente observas que desde allí lo único que se percibe es la sombra del florero, ningún color vivo ni brillante, sino tonos grises y tristes, comprendes pues que la realidad no es solo como tú la percibías.

 

Esta escena es una ilustración de la perspectiva y cómo influye en la percepción de las cosas. Nuestra percepción también depende de nuestra perspectiva, o sea, nuestro contexto, ninguno de nosotros se encuentra en el mismísimo lugar que otro. Cada uno percibe diferente porque tiene una perspectiva diferente, un cristal diferente, una visión diferente, una aparente realidad diferente.

 

                                                                                     Fuente: @ArtPicsChannel

 

Es como la pintura de Magritte, “La condición humana”, la realidad está afuera y es una sola, pero la ventana es distinta para cada persona. Esta ventana la conforman todos los factores personales, sociales y culturales que nos hacen percibir la realidad de manera única y diferente a la de los demás, y la pintura de la escena es eso que nosotros manifestamos y decimos que es la realidad, porque así la percibimos.

 

Pienso que entre la interminable gama de todas nuestras realidades percibidas formamos un mosaico infinito que ha de converger e iniciar en algún punto común. Y ese punto de origen, de inspiración, es la realidad verdadera y sin moldear.

 

La realidad es esa fuente de la cual todos adquirimos nuestra percepción. Y sí, todos lo vemos desde un cristal diferente, por lo que en nuestra mente los colores, matices y situaciones serán unas y para alguien más serán otras, pero ¿de dónde sale nuestra percepción? ¿De dónde tomamos eso que moldeamos y percibimos? De la realidad, fuente originaria de nuestra percepción, de nuestras realidades adaptadas.

 

Tu percepción es una pequeña parte de la realidad, es como una pieza en un inmenso rompecabezas incompleto. Pero al conocer y empatizar con la percepción de otros, esos espacios vacíos se van llenando. Poco a poco comprendemos la visión de la otredad y solo entonces nos acercamos más la realidad objetiva, incólume. Como fue ilustrado en la escena, al ver desde la perspectiva del otro, la realidad del florero se amplió al encajarle esa otra pieza.

 

Es por eso que en la búsqueda de la verdad, la acción medular que debemos tomar es acercarnos a los demás. Tratar de ver a través de su ventana, percibir como ellos y completar así ese inmenso rompecabezas. Ir coleccionando piezas y gradualmente encontrar esa fuente de donde nacen los mundos que habitan sobre nuestros hombros.

 

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