Algo estamos haciendo mal

26/06/2018

Subo al elevador, le sonrío a la señora que va al lado y me devuelve la sonrisa (un gesto de amabilidad, nada difícil); salgo, veo personas, saludo a mis compañeros, entro a clase y me encuentro con el catedrático de siempre. Todo va excelente hasta que alguien comete el error de sepultar su autoestima al decir “buenos días”, comprobando por tercera vez en la semana que el profesor del fondo no va a responder porque ni siquiera le importa.

 

Ya pasó hora y media, salgo de mi clase, bajo por las escaleras, llego al estacionamiento, me subo al carro y me dirijo a la talanquera. Algo pasa porque la fila no se mueve. ¡Ah! Resulta que el chavo de hasta adelante no avanza porque está muy ocupado maltratando al policía (que amablemente le ofreció ayuda) por no pasar la tarjeta de acceso lo suficientemente rápido para que el niñito pueda mover su Audi de la salida.

 

Al fin logro salir, paso el redondel y escucho bocinazos al fondo. Hay un carro con las luces de emergencia, que tiene un cartel pegado en el que claramente dice que está en clases de manejo y pide paciencia. Tal vez el señor que va detrás de él no sabe leer o tampoco se ha enterado de que es posible rebasar a los demás, porque decide quedarse detrás del auto con las intermitentes para bocinarle y gritarle.

 

 

Llego a mi casa, almuerzo, me cepillo los dientes y reviso mi correo. Veo el newsletter al que me suscribí hace meses y nunca leo, así que decido abrirlo para ver qué trae. Hay un artículo: “Comer o ser comido, la clave para lograr el éxito”, le echo un vistazo, pienso un par de segundos y me doy cuenta: Algo estamos haciendo mal.

 

Por alguna extraña razón está bien visto hacerse el duro en las calles, tratar mal a los policías, humillar a los nuevos o pisotear a los demás para ser “exitosos”, y no sé cuál sea ese motivo, pero definitivamente está equivocado. No es posible que vivamos en un mundo en el que las personas sean tachadas de débiles cuando lloran porque se sienten tristes, o que la señora de la casa sea criticada por sus “amigas” por tratar bien a quien le ayuda con el quehacer del hogar; tampoco está bien que la gente necesite portarse seria y dura para no resultar lastimada, o que dé pena mostrar emociones por miedo a la burla ajena… No es correcto que el ser buena persona haya quedado tan menospreciado que deje de considerarse una cualidad imprescindible para aspirar a cualquier meta.

 

Tengo la suerte de contar con gente buena a mi lado, personas que ayudan a quien lo necesita sin siquiera saber su nombre y se esfuerzan a diario por hacer sonreír a los demás, pero me asusta que eso se acabe por ser considerado innecesario. Aún no descifro qué sucede, pero sí estoy segura de que algo estamos haciendo mal.

 

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