¿Y tu voz y tus ojos?

25/06/2018

Tu voz, un tono familiar. Tu voz, un tono que me gusta. Tu voz, un tono que me hace feliz.

  • Suena un aviso.

  • Ella, busca en su bolso. Lo encuentra.

  • Y ¿quién es? -Él-.

  • Con una voz “única” -él-, la saluda.

  • A -ella- le encanta.

Allá afuera, es viernes, es una tarde con una mezcla interesante. Llena de rayos de sol y de vientos fríos.

  • Y, ¿cómo es su conversación?

  • Fluida, por momentos, picaresca. De dos vías.

  • Cariñosa y con ciertas notas de vainilla y miel.

  • Algunas veces, con un poco de lúpulo. Otras más, ácida, azucarada y con espuma; aterciopelada como la de un buen latté y otras, refrescante, como la de una buena cerveza. Tiene también notas a chocolate y a frutos del bosque. Un “blend” perfecto.

Han acordado que se reunirán en un café. Sin embargo, en cuestión de segundos, todo cambia. Es -él- quien llegará a casa de -ella-.

  • Y para -ella- llega la emoción.

  • Y para -ella- llegan las mariposas en el estómago.

  • Ordena y camina. -Él- lo percibe y de forma cariñosa le dice, ¡no ordenes!

  • -Ella- contesta, ¡no estoy ordenando! Sonríe, pues sabe que no es así.

  • -Ella- recuerda que no hay café. Pero -él- amablemente se ofrece a llevar, además, donas, algo que endulce aún más el encuentro.

La tarde sigue siendo bella, fría y soleada. “Un atardecer de viernes, para recordar y para un buen café”.

  • Y ¿quiénes son -él- y -ella-?

  • -Él- se llama Martín. Es joven y guapo.  De ojos color ámbar “intenso”.

  • Es un hombre de un dulce corazón.  Tiene esa voz de tono grave. 

  • -Ella- es Josephine, de cariño, Jó. (Pocas personas la llaman así). 

  • Ama el café tanto como escribir y leer. A los dos les gustan las peras. Y creen en el amor de “una vez”

 

Martín llega a casa y Jó le da la bienvenida. Martín siempre tan sonriente y apuesto. El cariño que sienten lo expresan con un abrazo cercano. Que dura la suficiente para sentir sus corazones.

  • El destino los ha unido. De forma curiosa e interesante.

  • Ha sido una historia corta. Sin embargo, profunda. Incipiente.

  • Juntos, preparan café, sonríen, hay miradas que se cruzan y se dicen mucho.

  • Jó ve a Martín. Sus ojos le gustan mucho. Y ahí sentado con la luz en su espalda, se ven aún mejor. Más chispeantes y llenos de luz.

  • Una conversación especial sucede ahí. Entre los dos. Buscan canciones, Martín canta precioso y a Jó, eso le gusta mucho.

Sin darse cuenta la primera taza de café se termina.  Allá afuera hace frío. Jó le sugiere a Martín que será mejor ir por un suéter. Además, llega el momento de preparar más café. Prueban otra forma de extraer el sabor. A los dos, les gusta más la primera preparación. Porque es suave, de sabores sutiles, es sencillamente exquisita.

  • Y así pasan los minutos, las horas. Inexorables.

  • Llega el momento de despedirse.

  • Y Jó frente a Martín. Ve hacia arriba y descubre aún más sus ojos y su mirada, paciente y amorosa.  Los ojos de Martín siempre buscan en los ojos de Jó. Queriendo encontrar algo más.

  • Y sus manos juntas, ellas se entienden. Se acarician y se dicen tanto. Un único roce es suficiente para que el corazón lata de prisa.

  • Y se despiden y sueñan con algo más. ¡No se animan!, aún no. Pero lo que ahí sucede es mágico. Se abrazan, una vez, dos veces, tres. Jó tiene las manos frías, Martín, no. Son tibias, de una temperatura que transmite seguridad y cariño. Como es todo en él.

La tarde se ha despedido y ha llegado la noche. Llena de estrellas y de más viento frío. Y esa pequeña historia, esa tarde de enero ha quedado guardada en los corazones de los dos. En el “equipaje de vida” que cada uno lleva consigo.  No importa lo que pasará mañana. Esa “segunda vez” es suficiente. Esa “segunda vez” ha valido la pena.  Sin lugar a dudas y preguntas.

  • Minutos más tarde, Martín llama a Jó.

  • Entre los dos concluyen que luego de esta visita, se ha completado el rompecabezas. La pieza que a lo mejor hacía falta.

  • ¡Sí!, son reales. ¡Sí!, esto es especial. ¡Sí!, ese tono de voz tuyo, es tan bonito. ¡Sí!, quiero tus besos. ¡Sí!, quiero mostrarme tal cómo soy. ¡Sí!, quiero descubrir(te) eso bello que llevas dentro: eso que me mueve a preguntar y a escuchar(te).

  • Todo necesita un tiempo de fermentación, todo necesita azúcar, a lo mejor miel, todo necesita algo de lúpulo. Todo necesita frescura, sabores, variedades, así como sucede con la cerveza.  Con una buena.

  • Y en el amor, ese que es de dos. Se necesita tiempo, velocidad, temperaturas correctas, pre-infusiones, infusiones, aromas, sabores. ¿Filtros? ¡No! ¿Transparencia?, ¡Sí!  Como sucede con el café. El bueno, ése que no necesita azúcar.

¿Y tu voz y tus ojos? me siguen gustando tanto, como fue desde el principio.

¿Te gusta esto?

¡Sí!

¿Qué te parece?

¡Perfecto!

¿Y te gustan las peras?

¡Sí!

¿Y cómo las describes?

¡Como arena azucarada!

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