#ViajesTenet : Crónicas de Israel (III: Tabor y Nazareth)

30/05/2018

(Esta es la tercera crónica de la serie "Crónicas de Israel". Para leer la primera parte, haz click aquí y para leer la segunda haz click aquí)

 

Nos encontrábamos en el extremo este del Valle Jezreel a 17 km al oeste del Mar de Galilea cuando vimos el Monte Tabor frente a nosotros. El cerro con una elevación de 575 metros es un símbolo de majestuosidad. Adrián, siempre tan oportuno e interumpiendo nuestros pensamientos colmados de dudas en el momento exacto, rompió el silencio y los murmullos leyendo un versículo de Sal 89:12 en su biblia forrada en cuero negro: "Atentos que leo lo siguiente: "Vivo yo– declara el Rey cuyo nombre es el Señor de los ejércitos– que ciertamenteComo se destaca el Tabor entre los montes, o el Carmelo junto al mar, uno ha de venir’”. 

 

 

Testigo solitario de la planicie

 

Subimos por unos buses propiedad de "la familia dueña de casi todo el Monte", según Adrián. El recorrido ofrece un paisaje muy acogedor, aunque no único. Lo que sí es único es la razón por la que estábamos en aquel cerro: fue allí donde supuestamente ocurrió el milagro de la Transfiguración, delante de los tres apóstoles, y con la aparición de Elías y Moises. 

 

Sin embargo, y como todo buen viaje, mientras subíamos el cerro por los estrechos caminos, Adrián nos contaba que la procedencia de una iglesia o templo en el Monte Tabor es dudosa. Es más, toda la historia de este Monte no está confirmada en su totalidad. No hay fecha exacta de cuándo se construyó la primera. "En el año 723, Willibaldus, menciona solo una iglesia dedicada a Jesús, Moisés y Elías. Podrían haber sido tres capillas unidas en una sola edificación, pero no es clara su explicación", señala Adrián. Ya frente a la Basílica de la Transfiguración, el ambiente es calmado. Caminamos por un jardín perfectamente cuidado mientras nos acercamos a la edificación beige. "La iglesia actual fue construida en 1924 y le pertenece a los Franciscanos. Curiosamente, el monte quedó abandonado hasta la llegada de los franciscanos, en 1631. Desde entonces ellos se dedicaron a estudiar las ruinas que había en aquel entonces", comenta Adrián mientras nos acercamos a las puertas. Un grupo de franciscanos conversan en una esquina del jardín. "De seguro las ruinas que estudiaron aquellos franciscanos pertenecían a la época de Debora y la guerra de los cananeos que se reunieron en Harosheth Haggoyim (probablemente en el lado opuesto al Valle Jezreel) y Barak inició el ataque de 10,000 israelitas en contra del ejercito de Sísara". Me asombro de la presición histórica del guía y de mi evidente ignorancia. "Pero aún debieron pasar tres siglos para que fuese construida una nueva basílica: la actual, terminada en 1924".

 

 

El interior de la Basílica es increíble. El mosaico de Moises, Elías y Jesucristo es lo que capta la atención de todo visitante, así como la cripta subterránea y las dos pequeñas criptas dedicadas a Moises y a Elías. Se respira una atmósfera de paz, un aire de armonía y de religiosidad y culto, muy distinto al que unos días después respiraríamos en Jerusalén. 

 

Mientras abandonamos el monte y bajamos por sus faldas verdes, Adrián comienza a contarnos la otra versión del Monte Tabor, una que quizás escapa de la religiosidad y que haría de este lugar nada más que un montículo de tierra sobre una planicie sin gracias. "El Monte Tabor probablemente no es el lugar de la transfiguración, ¿sabián? Se dice que Jesús y sus discípulos se encuentran en la región de Cesarea Filipo justo antes de la transfiguración, una localión que como saben no está cerca de aquí. Además, la ubicación general de la montaña no es aislada como mencionan. En ese entonces había bastante tráfico a través del Valle Jezreel. Y por si fuera poco, un fuerte militar se encontraba en la cima de la montaña y estuvo en funcionamiento durante el tiempo de la Revuelta Judía, y en la época de Jesús. Les cuento esto no para arruinar sus creencias, sino para que sepan que a veces hay lugares que se creen que fueron más. Pero he allí la importancia de la fe, que va más allá de un espacio físico", concluyó Adrián justo antes de subirnos al bus que nos llevaría a Nazareth. 

 

 

 

La flor de Galilea

 

Aunque el apodo no se lo puse yo, entiendo porqué los peregrinos llaman "la flor de Galilea" a la pequeña Nazareth, cuyo nombre significa "brotar" en hebreo.  Allí, silenciosa e inmovil lo largo de la vertiente más meridional del complejo de colinas que desciende del Líbano, en posición elevada sobre la llanura delantera de Izreel, la diminuta ciudad se extiende por el valle más mencionado de la Biblia. Cuando llegamos no podía creer que estábamos allí, pero la Basílica de la Anunciación aclaró mis dudas...y me abrió los ojos como platos. 

 

Nazareth es una ciudad con una historia demasiado interesante. Sus tierras han sido ocupadas por muchas razas y pueblos, pero su esencia se mantiene igual, aunque con una notable dificultad. El siglo anterior fue uno de los más movidos para esta ciudad (bueno, para toda esta región). En 1918 fue ocupada por las tropas británicas del general Allenby. En 1948 pasó a manos del recién creado Estado de Israel. Desde los años 60, su población ha cambiado en incontables ocasiones. Los últimos datos que se tienen son del 2012 y provienen de las estimaciones de la Oficina Central Israelí: la población es de un millón trescientos cincuenta mil habitantes de los que el 53% son árabes, el 44% hebreros y el 3% de otras etnias. La fisionomía árabe de Nazareth es innegable. 

 

 

Pero más allá de sus impresionantes datos históricos, lo que llama la atención de esta ciudad es la Basílica de la Anunciación, que atrae cada año a millones de peregrinos locales y extranjeros. "Inaugurada en el 1969 fue una obra de arte del arquitecto Giovanni Muzio. Con casi 5000 fieles, es considerada entre las comunidades más dinámicas de la Tierra Santa", nos dijo Adrián cuando caminábamos frente a ella. Eran las nueve de la noche y estábamos agotados del viaje. Pero el cansancio se esfumó cuando entramos y todas las miradas se dirigieron a un solo punto: el lugar donde el Arcángel Gabriel anunció el futuro nacimiento de Jesús a la Virgen María. Ubicada al centro de la Basílica y detrás del altar mayor, están las ruinas de lo que habrá sido la casa de la Virgen y el diminuto salón en el que se encontraba haciendo oración cuando llegó el ángel. El lugar es mágico, de verdad. Los sentimientos indescriptibles, no es mentira. Basta con recogerse en un momento de meditación interna y oración íntima para vivir la experiencia completa.

 

Allí, en la pequeña y bella Nazareth transcurrió toda la infancia de Jesús. Las ruinas de la ciudad vieja intentan ubicar el antiguo taller de carpintería de San José y lo que fue, supuestamente, la casa en la que vivió la Santísima Trinidad. Visualmente todo es confuso, pero Nazareth invita a cerrar los ojos e imaginar; a soñar y a tener fe, como debería ser siempre. 

 

 

 

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