Cartas para Nú #4: Sufriremos las consecuencias

16/05/2018

No me dejes decirte que no te amo, Nú, porque jamás me has dejado mentir. No me dejes decirte que no te extraño, Nú, por sabes que no es así. No me dejes decirte que quiere que te vayas, desaparezcas y no me encuentres, porque a todas luces sabemos que no es verdad. Pero esto es una tormenta, es peligro y es electricidad. Esto está mal pero a la vez bien. Que tú no me quieras, o que no lo demuestres, a mi me viene afectando para bien y para mal, poco a poco.

Cartas para Nú #4: Sufriremos las consecuencias

 

La culpable fuiste tú. Te dije que desaparecieras, que te fueras y que te esfumaras. ¡Te lo advertí! ¿Recuerdas? No te atrevas a decirme que no, porque sé que leíste mi carta, lo hiciste aunque luego no me dijiste nada, como era de esperar. Así que, casi noventa días después, ya es un hecho de que fuiste advertida pero que no te has querido ocultar de este loco que te mima, te ama y te consciente en sus sueños. ¡Este loco a merced de una tormenta venidera!

 

Es mayo y no dejo de pensar en que quizás, en algún momento, seas tú la madre de mis hijos... o en que pudiste serlo con tal solo haberme guiñado el ojo aquella tarde de Diciembre. Imagino que luego de unos retozos sutiles en la cama, un intercambio de sudor y pasión, una entrega enamorada y animal, podríamos haber orquestado nuestra obra de arte y años después ver como los niños corren por el jardín para que en un abrir y cerrar de ojos desfilen frente a nosotros para casarse y formar otra familia. ¡Solo de imaginar que nuestros hijos encontrarán a su Nú! ¡Cómo yo te he encontrado a ti mi Nú!

 

 

Pero este último párrafo ha quedado allí, en tinta y en el limbo. Es mi propuesta y la conoces bien... ¡Sabes lo que he querido desde que te vi cruzar aquel salón con tu suéter amarillo, tus gafas cafés, tu pelo corto y tus ademanes de princesa introvertida! Y esa es la razón de este huracán interno, esta tormenta que se excita con cada coma que escribes, este temblor que crece cada vez más.  

 

Quiero cada centímetro de esa bella piel que se esconde bajo tu ropa conservadora. Quiera cada beso que guardan, celosamente, tus labios. Quiero cada juego pícaro de tus manos en mi cuerpo. Quiero cada pensamiento enamorado tuyo en mi novela romántica fatalista. Quiero todo eso, pero creo que tú no. Sin embrago, de una u otra manera, sufriremos las consecuencias. Bienvenida sea la tormenta. 

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