Mi mejor amigo

03/05/2018

 

Hace tiempo que no me buscabas ni yo a ti. En 10 años, había aprendido a vivir sin ti y poco a poco, saliste de mi vida como si nunca hubieras entrado. ¡Ay, amigo mío o más bien, enemigo mío del alma! ¿Qué quieres de mí? Si hace tiempo te entregué todo lo que tenía, ahora que tengo lo mejor, me lo quieres arrebatar también.  Y aunque sé que tienes la razón y que debes estar junto a mí, hay algo en mí que me hace odiarte.

 

¡Cuántas noches recé para que desaparecieras de mi vista y no volvieras a rondar en mis cuatro paredes! Y lo hiciste y prometiste nunca regresar. Pero siempre sospeché que eras malo para cumplir tus promesas. Y así como en el pasado, ahora caminabas detrás mío, cual sombra

 

Me susurrabas al oído en qué dirección debía ir, me tirabas el pelo cada vez que decidía ir por otro camino, elegir otro color, probar lo dulce en lugar de algo salado. Te enojabas cuando sonreía y también cuando lloraba, tus garras me castigaban como agujas cada vez que soñaba algo distinto: cuando me desviaba del camino ya trazado.

 

Por las noches, te acostabas a la par mía cuando tenías sueño. Cuando el insomnio te invadía, lo compartías conmigo y hacías ruido en el cuarto. Quebrabas los vidrios, encendías el radio, movías los rosarios colgados de un cuadro, abrías la puerta, la cerrabas y esperabas que yo aguantara todo el relajo. Y lo hacía. 

 

Todo ese estruendo lo transformabas en lágrimas que rodaban sin cesar por mis mejillas hasta que me dolía la cabeza de tanto llorar. Solo así, me dejabas dormir profundamente...después de hacerme sufrir un sufrimiento ajeno.  Soñaba con lo que me habías quitado: amigos, familiares, gustos y pasiones, inocencia, alegría y dolor, oportunidades, cosas materiales. ¡Cuántas cosas había dejado ir por ti, maldito íncobo!

 

Y hablaba en pasado de ti, hasta que una década después, regresaste pisando fuerte. Ahora hablo de ti en presente, porque cada día despierto junto a ti y cada noche eres lo último que veo entre los ojos empañados por el agua. Me habías quitado tanto, pero nunca me habías quitado un amor. Y sufría porque temía perderlo, pero hacía lo que fuera por no hacerlo. Y por hacerlo, terminaba perdiéndolo un poquito más.¡Estúpido círculo vicioso!  

 

Me pregunto hasta cuándo te tendré cerca de mí y si seré lo suficientemente fuerte para vencerte esta vez. Tú, mi mejor amigo porque aprendí a convivir contigo. Enemigo porque eras tóxico.

 

Siempre tú: el remordimiento.

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