Chapines y gallegos

Foto: Todocolección 

 

Los americanos, si nunca han estado en Galicia, tienen un retrato mental bastante peculiar de la gente de aquella tierriña gracias al ingenio infantil que, de generación en generación, nos ha enseñado que los gallegos ven la tele en el tejado para sintonizar el Canal de las Estrellas.

 

Hace poco leí a Arturo Pérez Reverte decir que, en ocasiones, los tópicos se ajustan a la realidad, y que un farmacéutico en Santiago de Compostela le hizo ver que el gallego es, efectivamente, ese tipo que si te lo topas en las escaleras, te hará dudar entre si está subiendo, bajando o sencillamente parado tal cual. Me pasó algo parecido, pero aquí mismo, con un mecánico chapín.

 

Llevé el carro de mi papá al taller de una empresa alemana, de cuyo nombre solo diré que se traduce algo así como “el auto del pueblo”. Ese día había tan poco tráfico que llegué temprano, y llegué tan temprano que no lo hice a tiempo, sino más de una hora antes.

 

Cuando abrió el portón del taller, entré el primero y saludé a quien sería mi farmacéutico, o sea, mi mecánico. Estrechó mi mano y al hablar, cada vez que se daba la ocasión, soltaba diminutivos, muy propios del habla del chapín.

 

Echó un vistazo a los asientos, al tablero, al timón; arrancó el motor y revisó todos los componentes eléctricos. Anotó todo en su libreta y me explicó qué habrían de hacer (algo sencillo, un pequeño arreglo de pintura en el bumper).

 

Antes de irme le hice una pregunta obligatoria: ¿Para cuándo va a estar el carro? Fue ahí cuando su apellido nativo americano de fonética muy graciosa (Cojom) se cambió por un Nogueira muy de Pontevedra y me soltó: “Para dentro de una semana, cabal más o menos”.

 

Cabal más o menos.

 

O sea, justamente en ese lapso que no puede ser definido. Ese momento que no conocemos porque seguramente va a variar, pues ahí, exactamente ahí. Cabal más o menos. Como encontrártelo en las escaleras sin saber si sube o si baja.

 

Ese “cabal dentro de una semana” venció ayer, pero el espectro del “más o menos” me dice que, aunque no tengo el carro de regreso aún, aquel Cojom Nogueira sigue estando en tiempo.

 

Ya lo dije, un chapín muy gallego. ¡Carallo!

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