Adiós

01/11/2017

Foto: Jot Down

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

El reloj sonaba. Pasaba de las nueve de la noche. Lo primero que recordaba haber hecho aquel día era enviar un mensaje de texto. ¿Lo último? Haber enviado un mensaje del mismo estilo.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

La calefacción estaba a tope y era mediados de agosto. El calor insoportable. Las cuerdas en las manos... sí, estaba atado... parecían anudarse un poco más según avanzaba el minutero.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

¿Su esposa? Ella no sabía nada. No había despertado en todo el día. Debía estar muy cansada de los tres trabajos que mantenía. Dichosa, él no logró aguantar ni siquiera en uno. La casa necesitaba arreglos, sí, pero no había plata en el tarro de galletas.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

Empezó a hacer frío de repente. Era inexplicable. El sudor se secaba, y aún así, seguía cayendo por su frente hasta las cadenas en sus tobillos. Sí, también estaba inmovilizado por debajo. Pero, ¿por qué? No tenía ni idea, solo recordaba haber tecleado cinco letras en su móvil, una de ellas con tilde.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

¿Su hijo? Creía que estaba en casa de unos amigos, o de unos tíos, no sabía qué le había dicho su esposa, pero como esta no despertaba, no podía preguntarle. Con la duda se le hinchaban las venas del cuello que chocaban contra la corbata de seda que poco a poco le ahogaba un poquito más. No sabía cómo había llegado ahí, solo se recordaba a sí mismo presionando la flecha blanca sobre el círculo verde.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

¡Ploc! Se le cayó el teléfono del bolsillo y se encendió la pantalla en el último chat. Una única palabra, que aunque era aguda, sería lo más grave que leería en su vida. De repente, recordó todo. Afuera sonaron sirenas de patrullas oficiales, ladraron perros y gritaron hombres uniformados. A punto de entrar, todo se oscureció, al menos para él.

 

-Tic, tac, tic, tac.

 

...

 

-Señor fiscal, ¿qué cree que ocurrió?

-Es evidente, ¿no lo crees?

-¿A qué se refiere?

-Observe a la esposa, aquí muerta. La ropa que lleva es costosa por encima de sus posibilidades.

-¿El regalo de un amante?

-Así es, y el motivo del asesinato.

-¿Y el chico?

-Con el cura del pueblo, seguramente escapó al único sitio al que su padre no entraría.

-De acuerdo, ¿y la herida en el cuello?

-La corbata tenía un nudo que, al forzarlo, se apretaba un poco más, le clavó esta pieza y lo fulminó.

-¿Qué es, una cruz?

-Y su defensa ante el juez.

-¿Qué dice el teléfono?

-Adiós.

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