El extraño caso del "Loco de Botón Blanco" (I)

12/07/2018

Una respiración profunda le sigue al grito ahogado. No sabe con exactitud qué es lo que siente. Quisiera escuchar lo que están diciendo, pero la curiosidad no es tan convincente como para motivarlo a averiguarlo. Preferiría huir de allí. Escapar. Prometiendo que no volteará a ver atrás cuando se esté alejando de aquel escenario imposible. Pero un morbo humano lo mantiene ahí, escondido detrás de unos arbustos contemplando la escena de su propio funeral, mientras él, perfectamente vivo, no se atreve a interrumpir la película y sorprender a todos los presentes.

 El clima pareciera no tener nada que ver con aquel escenario espeluznante. Es un día soleado, despejado, con una brisa fresca y un cielo celeste. Perfecto para todos, el infierno para él. Aquel paisaje que pareciera sacado de una pintura infantil será el recuerdo del día en que murió. No puede creer lo que está viendo. A partir de hoy se convertirá en un narrador omnisciente, en el protagonista muerto de su propia historia, en un recuerdo, una tragedia para quienes le amaron y para los incrédulos, una leyenda mediática.

 

Observa bien. Pareciera que todos ya le han puesto un punto final a su libro, y aunque siente el dolor de sus corazones, las miradas de aquel gran y desdichado grupo le aseguran que se han dado por vencidos, dejando que el recuerdo de su pasado caliente sus corazones en duelo. No le seguirán buscando, ya no más. Su persecución ha terminado. Los rostros huesudos y dañados de quienes alguna vez le quisieron tanto ya no tienen energía. Están exhaustos y apagados. Destrozados emocionalmente. Abrumados físicamente. Necesitan descansar y quizá su sepultura ficticia sea el inicio del largo proceso de curación que buscan aquellos que han sufrido más de lo que querían y, apartándose de los deseos sobrenaturales, más de lo que podrían soportar.

La escena se ve interrumpida por una mujer mayor que cae al suelo, de rodillas, apoyando sus brazos sobre el ataúd vacío, que les recuerda a todos los presentes el fracaso de su búsqueda. Tras los arbustos, al personaje se le quiebra el corazón. Siente como se le desgarra poco a poco. Le duele el pecho. Jamás le había dolido tanto. Le tiemblan los pómulos y le pican los ojos. Quiere llorar. Lleva mucho tiempo sin sentir el calor de las lágrimas a punto de escaparse de sus ojos. El sollozo de la mujer, que retumba por todo el complejo, es el detonante para que el ejército de lágrimas se apropie de sus mejillas. Está llorando. Los dos están llorando desconsoladamente. Están a solo metros de distancia, pero solo él lo sabe. Intenta no hacer ruido, pero llora como un niño...y es que es prácticamente un niño que, asustado y adolorido, ve llorar a una madre segundos antes que entierren un ataúd vacío que simboliza una esperanza perdida.

 

Uno de los presentes coge a la mujer en sus brazos y la aparta del ataúd. Los sepultores concluyen con la tarea. Minutos después, la caja de madera yace a tres metros bajo tierra. Está hecho. Clemente Santiago, más conocido por los medios como "El Loco de Botón Blanco", ha sido enterrado. Nadie le buscará. Los titulares de los periódicos dejarán de mostrar su nombre. Poco a poco las conversaciones se centrarán en otro tema, uno muy distinto. A partir de ese momento, el mundo continuará su curso, olvidándose de él. Quizás su historia inconclusa sea contada en algún libro de un desesperado y hambriento escritor. Pero nada más. Le han enterrado tres metros bajo tierra. Lo han dado por muerto, a pesar que él, inmóvil, está solo a uno metros del entierro, viéndolos a todos más vivo que nunca.   

 

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