Hablando de amor

19/08/2017

 Foto: Cartas por amor

 

¿Por qué es importante hablar de amor? ¿Por qué es importante abordar un tema del que tantas veces se ha hablado? ¿Por qué seguimos escribiendo sobre un sentimiento que ha sido objeto de la opinión de todo el mundo, y en el que sin embargo, parece ser que nadie tiene razón? ¿Por qué necesitamos seguir discutiendo este tema?

 

En el siglo XIV, el Arcipreste de Hita nos dejó plasmadas sus ideas en más de 1700 estrofas, y aún hoy, la cuarta palabra del título de su libro (Libro de Buen Amor) aparece como el astro alrededor del cual giran los planetas del mundo artístico; poetas, pintores, novelistas, escultores, músicos… Todos ellos hacen girar su temática en una órbita cuyo centro es el amor. ¿Por qué?

 

No sabemos lo que es el amor realmente, y sin embargo, nos encanta la idea de presenciarlo o, mejor aún, de sentirlo. ¿Qué es el amor? ¿No es esa acaso la pregunta sin comienzo definido y sin respuesta avistable? No sabemos qué forma tiene el amor, o qué color, o qué sabor, pero nos gusta hablar de él, nos deleita ponernos en el papel de testigos del amor frente al resto del mundo. ¿Qué es el amor?

 

La lengua española nos ha regalado tres verbos copulativos, dos de los cuales generan en mi mente el mayor conflicto acerca de este significante sin significado claro; ¿El amor, es o está? ¿Y por qué no ambos? Hablando de amor no debería existir conflicto alguno, sería una incongruencia de términos. Si hemos sido beneficiados con dos verbos, es porque al no poder con uno, el otro nos guiará, porque, ¿Qué es el amor?

 

Ya lo he dicho, y ya les habré cansado, pero no estamos seguros de qué es el amor. ¿Y por qué no lo sabemos? Quizá no estamos hechos para saber qué es el amor, quizá ese es el fin último de todos nosotros, viajar, recorrer, caminar, transitar, en una dirección cuya última avenida se llame “Esto es el amor”. ¿Necesitamos saber realmente qué es el amor? Tal vez no, o por lo menos no ahora. No. Quizá el amor está repartido, y para saber (completamente) qué es debemos empezar por saber dónde está. ¿Dónde está el amor?

 

Encontrar los sitios en los que el amor está no es tan complicado como querer encontrarlos. Apreciar sus puntos de acción no es tarea exclusiva de quienes dicen ser más experimentados en la cuestión. La razón por la que nos cuesta describir el amor es porque es algo fundamental, algo esencial, algo tan sencillo que nos cuesta creerlo, y siguiendo los principios del magnetismo, se cobija en otro elemento que no comprendemos, este por ser demasiado complejo para nuestro entendimiento: la naturaleza humana. ¿Ahí está el amor?

 

El amor entonces adopta un nombre y un rostro, no porque no tenga personalidad propia, sino para que nosotros podamos entenderlo. Es ahí cuando el amor se pasa a llamar mamá, o papá, o amigo, o novia, o vecino de la otra acera, o celador, o maestra, o profesor, o médico, o piloto, o simplemente PERSONA.

 

Entonces el amor ya tiene una forma comprensible para todos nosotros, y sí, también tiene una finalidad. El amor es un motor, es el que nos empuja a seguir caminando (diría Johnnie Walker), es el que nos mueve para ayudar a quien lo pasa mal, es el que nos hace maquinar un consejo para algún amigo necesitado, es el que saca de nuestra boca palabras de aliento, o de acercamiento, o de alegría, es también el que nos hace idear las maravillosas obras de arte que hacemos día a día; y cuando estemos tan contentos de recibir tantas cosas buenas del amor y decidamos ponerlas en práctica, daremos el segundo gran paso para terminar el puzle de ese sentimiento; iremos en camino de conocer la respuesta, y el estar perderá sus últimas tres letras.

 

¿Y el amor que nos engancha?

La clase de amor por antonomasia. Ese amor que emboba a los más listos, y que encima les gusta; que enflaquece a los fuertes, y que encima les gusta; que domina a los libres, y que encima les gusta; y que a veces parece huir de algunas personas, que encima, van y lo buscan.

 

Este amor es muy lindo, y su evolución bastante graciosa. Cuando somos pequeños, lo vemos como algo de adultos con lo que esperamos no tener que lidiar nunca, y de repente, ¡ZASCA! Te quedas colgado de la vecina (cantaría Melendi). A partir de ahí no hay marcha atrás, y como síndrome crónico, se va y vuelve, quizá con otra forma, quizá con otra fuerza, pero siempre vuelve. Y cuando vuelve, te aferras a él para que no se vaya, y él se aferra a ti para que no lo dejes ir.

 

Dije antes que el amor hace las de motor, y el amor que nos engancha es quizá la mejor obra de ingeniería jamás vista. Mucha gente dice que el amor nos inhibe; no nos deja ver la realidad, nos hace sordos ante lo que no queremos oír y nos enmudece, dejando nuestras palabras con sello de exclusividad para esa persona especial; yo discrepo totalmente con esa concepción.

 

A mi parecer, el amor que nos engancha no es un inhibidor, sino un amplificador. El amor aflora los sentimientos y aviva los sentidos; el amor nos provoca una interiorización que termina por sacar lo mejor de nosotros. Hace que nuestras piernas tiemblen, que nuestras manos suden y que soltemos alguna incoherencia, pero eso es solamente porque lo que vivimos en ese momento es tan fuera de serie, tan impactante, tan emocionante, que buscamos disfrutar cada nueva sensación que este nos trae, y guardarla, para no olvidarnos nunca de cómo es.

 

¿No me creen? Yo creo que detrás de toda gran obra hay un enganche amoroso que revolvió todas las concepciones que el autor podía tener y lo plantó en un sitio en el que la perspectiva es inigualable. Un enganche que hizo que el artífice pensara en él no como un individuo, sino como parte de una pareja (habida o por haber) y le enseñó que si dos cabezas piensan mejor que una, dos corazones sienten (aman) mejor que uno. Un enganche que le alzó el listón, que lo sacó de su zona de confort y que le mostró que aún existen motivos para luchar; una lucha en la que pelean dos personas en paralelo para juntarse y emprender un nuevo camino, juntos.

 

Y así pues, el pintor plasma los colores recordando la impresión que tuvo al ver los ojos de su amada; el músico improvisa magistralmente las notas que le traen a la mente las palabras de su musa a quien tanto disfruta escuchar, y el escritor, el escritor, él trata de usar grafemas para explicar los pensamientos que ambos compartieron estando juntos, palabras que nunca encontraron sonido, oídos que jamás escucharon, pensamientos que no se dijeron,  pero que se intercambiaron en una mirada, una sonrisa, un saludo o un adiós, y entonces el rubor de las mejillas, el sonido de una cucharilla mezclando lentamente en una taza y las risas nerviosas cobraron sentido, no para el resto mundo, pero sí para ellos, que a fin de cuentas, son los conformantes de SU nuevo mundo.

 

Hay amores que enganchan, quizá no para sacarte del rumbo como dicen muchos, sino para colocarte en el indicado, pues puede ser que sea ese el que te lleve a tu verdadero destino (o sea, conocer qué es el amor, ¿No?).

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

IDEAS RELACIONADAS

Please reload

IDEA DESTACADA

Resoplo, suspiro

1/1
Please reload

MÁS IDEAS

Resoplo, suspiro

1/3
Please reload

SÍGUENOS

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon

© 2018 por Tenet Ideas. Creado por Grupo Goga

Ciudad de Guatemala, Guatemala.

  • Grey Facebook Icon
  • Grey Instagram Icon
  • Grey Twitter Icon