Saudade

Foto: 24Horas

 

La tradición portuguesa pasa por la de los grandes navegantes y la de un pueblo lleno de supersticiones y misticismo. Las largas travesías por el océano que los llevaron a descubrir mucho mundo implicaban la división de muchas familias durante meses y meses. Quien partía vivía en melancolía, pero el sentimiento de  quien se quedaba era algo más complejo. Ni melancolía ni añoranza, aunque un poco de las dos a la vez. El saludo a la soledad, o la soledad de un saludo que aún no llega… la saudade.

 

Históricamente, uno de los puertos más importantes del Mediterráneo (que en la Edad Media, a pesar de su tráfico, era un “puerto sin puerto”) es el de Barcelona. Justo ayer partió desde ahí uno de los más grandes “marineros” de los últimos años: Neymar Jr. Curiosamente, es de un país de ascendencia portuguesa.

 

Neymar llegó siendo un chavalín al Fútbol Club Barcelona; una promesa, una joya. Ahora, apenas cuatro años después, se va tras convertir la expectativa inicial en incredulidad ante su fichaje por el Paris Saint-Germain, y tras romper todos aquellos corazones a los que dio RCP con los minutos finales de la Remuntada en octavos de Champions frente a, precisamente, el PSG.

 

Su velocidad, ligereza y agilidad le hacían parecer un trirreme romano en el mar verde del Camp Nou, pero su contundencia frente al arco le hacía todo un buque rompehielos; en ocasiones, incluso tuvo que hacer de portaaviones y echarse el equipo a la espalda para tirar hacia adelante. Ni siquiera el Manzanares, que no es navegable, se salvó de sus embistes.

 

Pero, cual marinero portugués, ha decidido zarpar para recorrer mundo. Y claro, el objetivo no parece el de culturizarse a través de los viajes, sino el de enriquecerse en zonas geográficas menos favorecidas. París lo es futbolísticamente.

 

No sé si sentirá nostalgia, pero desde “tierra firme”, desde Can Barҫa, sentimos saudade. Mentiría si dijera que no es por la mera salida del crack, porque hay que reconocerle los grandes momentos que le dio al barcelonismo. Pero la saudade con que nos deja es distinta.

 

Saudade de cuando un jugador que quería llegar a ser el mejor iba al mejor club del mundo, no al más pudiente económicamente. Saudade de cuando alguien como Zarra decía orgulloso haber rechazado a Boca Juniors y su platal por quedarse en el Bilbao de sus amores. Saudade de cuando valían más las estadísticas de juego que las de traspasos. Saudade de un fútbol en el que mandaba la gente del fútbol, no la gente del jeque metida en el deporte de las finanzas que ha hecho del balompié un negocio más.

 

¿Volverá? En realidad es más difícil responder a la pregunta “¿Le querrán de vuelta?” Después de todo, ha cambiado una ciudad de condes por un parque de príncipes. Y mientras nosotros, con saudade, que no es lo mismo que morriña.

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