La realidad de Antigua Guatemala

05/08/2017

Foto: Pinterest

 

La Ciudad de Antigua Guatemala. Estructuras coloniales, ruinas, tradición, cultura, gastronomía y fiesta también. Pero por las noches, cuando las luces de los hoteles se apagan y no se puede escuchar más que el rumor de la historia y ver los escombros de las ruinas que, alguna vez, fueron imponentes instituciones coloniales, se convierte en un foco de miseria.

 

En el Parque Central, el corazón de la ciudad, árboles forman alamedas, bancas de madera se humedecen con el sereno de la noche y transeúntes que, en su mayoría, son vendedores ambulantes, rondan bajo la influencia de estupefacientes como la marihuana. A su costado se encuentra el Palacio de los Capitanes, y aunque la historia nos dice que era el Hogar del Capitán General, hoy cobija a vagabundos que duermen en cartones junto a sus canes frente a las puertas de entrada. El Palacio de los Capitanes, antes foco de poder y orgullo militar, hoy se defeca sobre él y se ha convertido en algo peor que un sanitario humano.

 

La Municipalidad de Antigua Guatemala también se encuentra frente al parque en sentido paralelo al Palacio. Es un edificio que se ha tornado gris con el desgaste del tiempo y la fachada está compuesta por dos arquerías superpuestas. Pero no solo se ha desgastado el edificio, sino que también la institución se ha sumido en un estanque de corrupción. El cinismo del gobierno local es tan descarado que la población protesta quemando diablos de piñatas con la cara de la alcaldesa. En la noche el inmueble se ve tan apagado y distante como la intención de los políticos de actuar por el bien común.

 

La principal atracción para los fieles alrededor del Parque Central: la Catedral de San José, cuyos muros blancos, imponentes y barrocos reciben el sol por la mañana. Pero por la noche Dios abandona las almas de las personas que mencioné anteriormente. La iglesia se ve desolada, la gracia que posee por los días se acaba y cierra sus puertas.

 

En algún lugar olvidado de la cabecera del Departamento de Sacatepéquez, una casa de ancianos abandonados vive en un estado paupérrimo. Los pocos voluntarios hacen lo que pueden con lo poco que tienen. Se mantienen con donaciones y sin alguna otra fuente de ingresos. Olvidados por sus familiares y por la sociedad, viven sus últimos días añorando una mejor calidad de vida.

 

Antigua Guatemala, ciudad turística, sirena de la colonia, que atrae a los extranjeros y los enamora, miles de ellos se quedan después de ver su magnificencia. Destino de retirados y gente bohemia que busca un escape a otra época. La ciudad se ha convertido en una amalgama de culturas: estadounidenses, argentinos, caribeños, europeos. Aunque la mayoría conocen la crisis humana a la que se somete la población y la desigualdad entre los habitantes, deciden quedarse y ayudar a la comunidad que los ha aceptado sin prejuicios ni condiciones. Es que a pesar de que Guatemala siga estancada en su realidad de tragedia, miseria, ignorancia y demás adjetivos que deshumanizan al guatemalteco promedio, esta historia no tiene que ser pesimista. Esto no es ni será fácil, se necesita trabajar duro y constante. Se necesita ser abnegado e involucrarnos en el deseo por el bien común. Y lo más importante: necesitamos ponernos un par de huevos ante la adversidad y hacer frente ante los desafíos que el futuro no prepara.

 

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